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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

martes, 11 de diciembre de 2012

La soledad de los electrodomésticos III

Él es de los que miran bajo, como escondiéndose del ajetreo y del bullicio en el tráfico de una calle, y ella es de las que miran a las nubes, al cielo y a la luna. Él es de los que no soportan el ruido, y vive inmerso en canciones que huelen a lágrimas, mientras ella rezuma calor en sus pensamientos. Ambos detestan los semáforos en rojo y las colillas en la playa. Pero el es más de Tolstoi, Allende y Goytisolo, mientras ella lee a Poe, Lovecraft y Allende. A los dos les encanta el olor de césped recién cortado y la fragancia del asfalto bajo la lluvia. Están enamorados de la la arquitectura moderna y de Magritte, Gauguine y Van Gogh, así como de las noches con estrellas, las fotos de Polaroid amontonadas, las camas sin hacer y el sonido de las cuerdas de un piano a medianoche. Ellos son de los que olvidan con facilidad y se enfadan con poco. De los que escriben marchitas obras de papel en las baldosas húmedas de un lavabo a las tres de la mañana, o de los que aman el arte, aunque sean unos pésimos dibujantes, o pintores. Él es de los que aburre con su monótona rutina, y ella de las que siente que todo conocimiento es necesario. Ambos son frutos del producto de un Nietzsche inconsciente y de un Freud psicótico, de un Hemingway depresivo y de un Rimbaud maldito. Pero lo llevan bien, al menos uno de los dos, ya que él es de los que aman en silencio, y ella de los que huyen del amor. Pero aún queda tiempo para las doce campanadas.


domingo, 9 de diciembre de 2012

La soledad de los electrodomésticos II

Todavía al pensar le entran arcadas. No de asco, sino miedo, pero ahí están. Su ritmo cardíaco aumenta y el movimiento de sus párpados acelera, como tratando de acostumbrarse a una luz que no existe. Da un repentino salto hacia atrás e hinca sus ojos en las órbitas, mirando con sorpresa algo que todavía no concibe bien, y ya no le queda otra que correr. Y arrastra su fatigado cuerpo de noches en vela y palabras incandescentes, sin meta más la que alcancen sus húmedas zapatillas, sus quejosos vaqueros azules y su alma en cantinela encandilada, doblando cada esquina o agachando la cabeza si él lo cree necesario. Es un andrajoso transeunte, de esos que ni visten ropa cara ni sintonizan la emisora de ninguna radio. De vez en cuando, esboza una sonrisa falsa y emula un saludo con la mano. Tal vez respire más de la cuenta alguna que otra vez, o exponga al frío sus manos de bolsillo para encender quizás el pálido filtro de un cigarro mal apagado. Es un amistoso solitario, de esos que miran mal porque no miran nunca, de los que imagina las calles vacías y la gente sin cara, doblando la manzana a través del desde fuera ruido de sus cascos, que gritan por él en el infierno de su ruta dantesca, a la par que sigue su rutina de un Bacon suicida o un Munch perplejo.
Por las noches, la luna se cierne sobre él y el pálpito encendido de su anti-alegre tránsito, citando a Schopenhauer a las dos de la mañana, reverberando el eco de su voz podrida entre los adoquines de un callejón de diciembre y nieve, hasta caer rendido en la soledad de neón de un garito perdido lejos de su casa, a merced de ella o de sus sueños, equivalentes para este ignominioso personaje de pocas luces y demasiadas sombras.
Y en el percance de esta súbita muerte, repentina desdicha de un irónico carácter, se ve abalanzado por ella en una barbarie de lágrimas y charcos que se mezclan con el alcohol y podredumbre del tráfico y el humo que apesta a respiro y tranquilidad. Inmóvil y perplejo, ella acecha, y le coge fuertemente del brazo, permitiéndole una incorporación al mundo sensible casi eléctrica. Le susurra al oído:

-¿De qué tienes miedo? -pregunta, conociendo la respuesta del ingenuo narrador, que aún no ha caído preso de la sutil broma que le rodea-.

-¿De qué tengo miedo? -responde-. Tengo miedo de mí. De mí sin mí. De ti sin mí. De mí sin ti.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La soledad de los electrodomésticos






Recuerdo que hubo en día en el que me echaste de menos. Aún recuerdo la tímida sonrisa y el amistoso arqueo de cejas. Era invierno y éramos en enero, febrero, el mes no importa. Las nubes tapaban el sol, y el frío curtía los nervios, tanto, que era posible cortarlo en pedacitos, como si de esas margaritas deshojadas se tratara. Yo solía mirar al suelo, como siempre, plagado de las inútiles hojas casi grises que los árboles repudian, y navegaba inmerso entre el humo de cierto tubo de escape, zambulléndome buscando la felicidad en el fondo de un vaso de apestaba a alcohol y soledad. Y de repente, esa melodía  repetitiva que surge de la nada en tu cabeza, e interrumpe el tránsito de casi nada en ti mismo. La sorpresa, que vino a raíz de las hojas, el frío y suelo, trató de levantarme aquello que por su función llamamos cabeza. Entonces la vi, te vi. Una escueta bufanda te cubría el cuello, y el abrigo azul de terciopelo falso abrigan poco, y los ojos te brillaban, aunque solo levantases la vista para no dar otro paso en falso.
Poco a poco tratamos de desviarnos en diagonal y evitar ese poco de contacto humano que nos quedaba, hasta casi rozar nuestras ropas con la pared del callejón y los árboles. Pero el camino era estrecho, y mi voluntad débil. Como si de un imán se tratara, me vi haciendo eses vergonzosamente hacia ella, y ella hacia mí, hasta que la proximidad se hizo tan cercana que no haber abierto la boca hubiera sido terrible. Balbuceé un poco, pero ella tenía la palabra:

-¿Sabes? Ahora me doy cuenta del error que cometí. - dijo ella-

Estaba hecho un manojo de nervios, y hasta entonces no fui enteramente consciente del frío que hacía, ni del calor que tenía. Las hojas y el suelo dejaron de tener la más mínima importancia. Abrí y cerré la boca en un intento de emitir aunque fuera un ruido sordo, pero ni aire salió de mi boca.

-¿Error? ¿Qué error? - respondí, entre escalofríos y un agudo pitido que despertaba hincándose en mi oído.

-Sí, el error. Hace tiempo. Entonces me equivoqué, y ahora me doy cuenta de lo que perdí, y de lo que pude haber tenido. 

El tiempo se paró, como concediéndome un respiro para tomar aire, y soltar lo que llevaba queriendo decir desde que desaparecimos, o desde que yo desaparecí de ella.

-Verás, algún día, dentro de unos años, nos encontraremos. Las hojas seguirán siendo grises, el frío seguirá siendo frío y las nubes seguirán tapando el sol. Y cuando nos reconozcamos, arquearé las cejas amistosamente, y tú concederás una tímida sonrisa. Seguiremos caminando, y el recuerdo de aquel efímero saludo durará poco, apenas nada. Tan solo lo suficiente como para que puedas comprender que nunca tuviste ninguna puerta cerrada. Será, un silencio, que dure lo que yo quiera que dure, que suene como yo quiera que suene, y que comparta con quien yo quiera compartirlo, porque las frases mas bonitas, están escritas en futuro. Dichas en presente. Vividas en pasado.


martes, 23 de octubre de 2012

Miedo

Siempre he sido un humilde servidor de la doctrina del miedo. Ese escalofrío que recorre tu cuerpo, y te paraliza y te deja semiconsciente y te arroja al suelo, aunque permanezcas aún de pie, oyendo lo que tengas que oir, o viendo lo que tengas que ver. Miras a los ojos a todo aquello que jamás creíste que llegarías a tener en frente de ti, y no puedes si no permanecer en silencio, a oscuras, inmóvil. Nada. Apenas tienes tiempo para responder; has dejado de ser capaz de coordinar tus movimientos, y no puedes sino dejarte ser mecido por este mecenas del terror, de esta máscara invisible, gris y despiadada, cuya silueta derrama sudor y sangre, que corretea a través de tus mejillas como finas gotas de agua de lluvia bajo una tormenta, como cientos de soldados aullando unos contra otros, en una guerra sin fin, desbocando los caídos y sus bayonetas en el negro agujero que atrás dejó ya aquel sentimiento de gratitud y estabilidad eterna, que yace en el monumento que se yergue ante tus ojos, que no son ojos sino fuego, y que no es fuego sino miedo.
Y de repente, lloras. Como pidiendo clemencia ante la artritis tóxica del ambiente etéreo, sempiterno, que parece no acabar nunca. Rogando al alma súbita que no es alma, sino muerte, y que no es muerte, sino miedo.

El silencio llena la atmósfera del cuarto vacío, pero contigo. Lleno, pero sin ti. Tiñiendo de púrpura las cortinas de esparto y de gasolina el arco-iris del llanto perpétuo que cae de tus océanos al cielo, en charcos y tifones de ese terciopelo auténtico, que aún creías tuyo, pero de nadie, que ahora es suyo, y no de todos, de él, y no de ti. El reloj puede marcar lo que quiera que marque, pero el tiempo no corre, porque ya ha dejado de existir, y mientras crees que al menos el miedo que corre por tus venas y cae del empíreo celestial de la esfera que es el cenit de tu rostro te acompaña, estás solo. Solo tú, que ya no eres tú sino nadie, que ya no es nadie sino todo, y que ya no es todo sino miedo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Smoke

Una vez oí que la mejor parte de las canciones, o de la música en general, es el momento en el que decides cuando se detiene, cuando continúa o cuando simplemente desaparece. Y hasta hace pocas horas no comprendí su significado por completo. Ni quizás lo mucho que abarca esa definición de música, que en realidad no es música. Es tiempo. Porque a veces te detienes a pensar, por ejemplo, en un cigarro. ¿Por qué fumas? Sencillamente, y al fin y al cabo, hay pocos momentos en los que eres capaz de decidir sobre el destino de algo, que en su más recóndito significado, ocupa en estos momentos el concepto de cigarro, pitillo, o como quieras llamarlo. Puedes decidir la cantidad de humo que quieres en la atmósfera de, digamos, un cuarto vacío, la velocidad con la que se consume, el inicio de su fugaz vida, y el corto y repentino final que le quieras dar. 

¿Por qué escribes? Puede que cierto orgullo te llene de satisfacción al expresar y plasmar en un formato lo que ocupa tu cabeza: ideas, sueños, pesadillas, locuras... O te gusta oir tu voz representando aquello con lo que sueñas dar a conocer, o tal vez solo quieras liberarte de la rutina en unos escasos cinco o diez minutos. La realidad no está nada más lejos que eso, cuando, lo que cada uno escribe, está al margen de lo que todos quieran que esté escrito, de lo que todos quieran cuando termine, como rime, el número de palabras que tenga, el tiempo que emplees en recitarlo, o cómo suene pronunciado en la boca de un premio Nobel de literatura. Solamente te centras en dejar la dependencia del mundo a un lado, y ser tú quien escribe, quien encadena las ideas que se te van apareciendo como rayos, quien propone el título, la escenificación, el lenguaje, la concordancia; eres tú. Eres tú, quien descubre el mundo de palabras y las juntas, las unes, estás jugando con ellas. Eres tú quien decide.

Por eso te pido, por favor, que el humo que ocupa esta habitación, no salga nunca de ella. Deja que esté poema sea interminable, que está canción no acabe nunca, que este cigarro nunca se consuma. Deja que la atmósfera sea eterna.


martes, 16 de octubre de 2012

¿Os gustan las metáforas? Tratad de descifrar esta.

Muchos me llamasteis loco cuando os hablé de ella por primera vez. Me tachasteis de fanático, obseso, y tal vez incluso algo perturbado, pero desde entonces (y esto lo puedo decir con toda seguridad), estoy enamorado de ella, de su perfume, que se adhiere a mi piel y a mi ropa, de su mirada, de su "vida". Algunos no me entendisteis, y es cierto que al principio yo también dudé de ella, pero ha pasado ya tanto tiempo... Al principio resultaba difícil de creer, apenas confiaba en ella, era distante, fría y manipuladora, y todo lo que se desarrollaba parecía tan poco real, que no podía creer ciegamente en su certeza.

Aún recuerdo bien cuando la conocí. Hará un verano o dos, no recuerdo bien, y apenas salía yo a la calle, no sé muy bien por qué, me quedaba perpétuo en la soledad de mi habitación, sin pensar bien en lo que pensaba, realmente, en nada. Y la descubrí por ahí, como quien no quiere la cosa, zumbando unas veces en mis oídos, otras incluso se paseaba por mi mente, e incluso la llegué a contemplar con mis propios ojos una tarde cualquiera. Porque eso que dicen de que el amor a primera vista es mentira, es mentira. Y entonces caí preso en sus noches conmigo, en mis días con ella, en sus sonrisas mías y en mis lágrimas suyas, en mis delirios de mí y en la constancia de ella. En sus sueños, que se convirtieron en los míos, y en sueños míos que se convirtieron en ella. No pude desprenderme jamás de esa esencia que desprendía, amor tal vez no, ¿pero felicidad? No, probablemente tampoco fuera eso. Simplemente, es algo que simplemente no se puede describir con facilidad, es algo que simplemente no es simple, pero que no pertence al conjunto de "cosas complejas". No, ella no pertence a ninguna clase ni a ningún conjunto, ni el mismísimo Frege podría definirla, porque "todo lo que se puede decir se puede decir con claridad, y lo que no, es mejor callarse", ¿no? En fin, tampoco quiero mezclar mucha filosofía contextual en esta vaga descripción. Ella simplemente es única, y el hecho de haberla conocido, ha cambiado y cambiará radicalmente el rumbo de mi vida.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Un poco de perfume para combatir el cáncer.

Permitidme el honor de contar una pequeña historieta. No durará mucho, lo prometo, tal vez ni siquiera haya historia que contar, porque tal vez no haya receptor que lo lea, ni cerebro que lo interprete, ni alma que lo sienta. Escribo esto al vacío más absoluto, con la esperanza efímera de que algún sujeto tan desesperado, tan ínfimo y tan poco sincero que no puede dar a conocer su nombre como yo, encuentre cierta semejanza al cinismo y realidad que ocupan este epitafio. ¿Veis? Os dije que no duraría mucho.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Mi gran obsesión por su pequeño nombre.

Estoy buscando la frase perfecta. La debí apuntar en un pequeño papel a medianoche, cuando las ideas vuelan, porque al fin y al cabo es solo eso, una pequeña frase, un epígrafe, un corolario. Tal vez siga viva, zambulléndose en lenguas muertas. Siempre seguirá viva, las ideas no mueren, no al menos sobre el papel. Hace años escribí las palabras más bonitas, el texto más brillante, la idea más alocada, el sueño más imposible. Hace años escribí el nombre más bello sobre la superficie más horrible, donde todo lo que cae sobre ello se convierte en muerte, un Midas del miedo: aquello a lo que llamamos mundo. Las palabras no pertenecen a él, no, ellas no pierden su significado. En tiempos de guerra, la paz prevalece, y en un terreno injusto, la palabra justicia no es relativa. Detrás del odio, el concepto de amor no cambia y bajo las sombras, la luz sigue vigente. Es esa antítesis de movimiento la que me vuelve loco, y me envuelve en una corte de Ideas, donde la única distinción que existe es la que yo le quiera dar. Hace años, creé una frase que significaba lo que yo quería que significase, escrita en un idioma que entendía todo aquel que yo quisiera que entendiera, sobre un mundo que era lo que yo quería que fuese. Estoy buscando la frase perfecta, en un terreno equivocado.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Su poesía es lo que me mantiene despierto

Creo recordar que la tuve entre mis manos, o eso dejaba entrever aquel sueño translúcido. Cortinas púrpura de esparto cubrían las escenas más grotescas, y el metro de terciopelo, como el grupo, bañaba con su oscuridad el frío asfalto en el que ella adora pasear descalza. Tal vez hablase poco; tal vez no la escuchaban lo suficiente, pero aquella alegoría de sintaxis, producto del sueño embotado de un Borges lúcido, o de la soledad de García Márquez, con el amor perdido de Neruda y la coma trágica de Guillén, no necesitaba papel para ser escrita, ni voz para ser gritada. Y mientras piensa con la sátira de Quevedo, ella, fruto de un poema de Góngora en tempestad lírica, teme el salvaje pasado de un Miguel Hernández nostálgico y de un Rimbaud maldito, pisando fuerte las cenizas de su paso, donde adquiere un donaire casi lorquiano, atrapando la lluvia de magnetismo que confieren los pasajeros del tren que en lugar de marchar, marchita. Y atrapada por el humanisno cínico de César Vallejo, es la incertidumbre lo que le mantiene despierta, junto con el sabor de la tristeza que huele en el asfalto que camina. Ella es Machado, Alberti y Calderón, y todo lo que ella es, fue mío, pero los sueños, "sueños son".

viernes, 24 de agosto de 2012

Bocetos, frescos y bodegones.

Hacía demasiado calor. La verdad es que no le gustaban mucho los veranos, y en lugar de correr, salir a la calle, prefería quedarse encerrado en su habitación, bajo llave, encontrando la cordura en ciertas canciones de invierno, que trataban de ahogar la temperatura de su piel. Desde luego, no se le veía animado. Caminaba decaído, arrastrando los pies desnudos sobre el parqué, y sin darse cuenta, llegó a su retiro. Él lo consideraba como una nube; su nube. Tenía lo imprescindible, un puñado de folios en blanco que había sustraido cuidadosaente del salón, tres lapiceros, dos de ellos sin punta, y un bolígrafo negro. Y sentado amargamente en su silla de pástico barato, podía parar el tiempo. No necesitaba mirar al papel para saber que los trazos eran simples, sencillos. A veces, y es curioso porque solo cuando llovía, cerraba los ojos y apretaba fuertemente el bolígrafo o cualquiera que fuese el utensilio que utilizaba. Solía torcer la cabeza, le daba naúseas la imágen del boceto plasmado en su mundo, en lo que vendría a ser el mundo real. Allí, todo el mundo dibujaba retratos, ciudades, animales, plantas... sabía que no llegaría a nada con sus pinturas. Y cuando terminaba, seguía sin mirar el papel, ahora contorsionado en una mezcla zebril de manchas blancas y negras por doquier. Y, satisfecho, lo arrancaba de la mesa, y lo estiraba hasta que finalmente cedía ante la fuerza que ejercía con sus brazos. Repetía ese mismo movimiento con cada pedacito de papel que iba quedando, hasta terminar cada uno de esos esquejes de folio en la papelera anexa a la mesa. Satisfecho completamente de su obra de arte plasmada en su retina, abría los ojos, se levantaba y cogia otra de esas hojas blanquecinas que sustrajo anteriormente del salón, y comenzó el ritual como si fuera el primero. Sabiendo que cada obra nueva, sería mejor que la anterior. No sabía dibujar.

sábado, 14 de julio de 2012

Como diría Vivaldi.

En la cavidad hueca del escenario, se esconde entre el público el tímido sonido de un sostenido, que sostiene, como él, la batuta de su encierro. Él dice ser el viento, que empuja su barca, mientras la parca le aguanta la mirada, como en un desafío sempiterno, es verano todavía. De día, julios sin cielo, tras el velo de un agosto interminable y el telón de un septiembre infinito. Él dice ser la lluvia que brota sobre los campos en primavera, donde los mayos ya no mayean, ni los marzos arrastran su triste y quejoso frío. Donde abril en sí mismo no es un mes, sino una estación, donde sopla la luna allí arriba, y los mares me saludan. Él dice ser el Sol, que ilumina y da brillo a las hojas en otoño, cuando en octubre corren caídas de sus árboles, tan rojas y anaranjadas, son pisadas, en el bruto estallido del comercio en hora punta. Él dice ser el agua que moja los rostros de los desprotegidos, y las ventanas de los que no lo son, él dice ser la nieve que refleja su propio brillo en diciembre, y la brisa gélida que surca las calles en enero. Él dice ser el invierno que corre por las venas en febrero, y las placas de hielo conquistadas por el público. Él dice ser el público, en un lugar, tan escondido del escenario, que ni él mismo sabe donde está.

miércoles, 27 de junio de 2012

Otro ladrillo en el muro.

Algunos hablan sobre que fue diseño del miedo, para rendir cuentas a los incrédulos ignorantes que pensaban que la pesada seguridad que se cernía sobre ellos era inalterable. Dicen que fue sembrada en los campos de la inseguridad, y regada por lágrimas de quienes fueron fallados. Los aliados que en su momento lucharon en su bando la propugnan con la palabra "basura". Les daba incluso asco hablar de ello, como un creyente que ha perdido a su Dios, o una persona que ha perdido la esperanza.
Otros, en cambio, los que aún sostienen con firmeza el lápiz de pergamino entre sus dedos, trazando líneas con flaqueza en el dorso del papel sobre sus mesas, aquellos que aún creen que el odio es pasajero, y que la juventud perdura en sus corazones de hierro, afirman que es pura, que es buena, y que está fundada en los valores más nativos de nuestra creación. De hecho, los más extremistas afirman que no es una creación, que es un valor innato con el que nacemos, todos nosotros. Es cierto que aún no conozco a ninguno, que sumido en la mayor de las decepciones, y crecido por sus propios errores, sostenga esta teoría, más bien optimista. Todos acaban optando por la primera percepción, concebida entre las mentes tristes, que auguran un futuro pesimista y triste, pero forjado en las ideas más sólidas jamás creadas. Ellos, los que se hacen llamar "los-que-dejaron-de-sentir", no son felices, en absoluto, pero viven rodeados de las burbujas, que ellos mismos crearon, para su conforte y seguridad. Puede que jamás lleguen a ser felices, ni a conocer la felicidad. Los que alguna vez la conocieron, probablemente la olvidarán, y los que todavía creen poseerla entre sus brazos, tocarla con su dedos y saborearla con su mente, la perderán, porque a todos, sin excepción, les llega su invierno. Ellos no escogieron pertenecer a un bando o a otro, seguramente de pequeños fueran como todos, normales, como se consideran todavía. No hubieran imaginado jamás la monotonía de sentimientos y emociones en las que acabarían convertidos, pero con el tiempo, la nostalgia es un mero pasaje en el libro de páginas blancas de su historia.
Y yo. Yo acabo de cambiarme de bando.

martes, 19 de junio de 2012

Vida, Dios y Muerte

A veces, cuando las almas suspiran
giran en torno a una atmósfera abominable,
de inolvidable sequía entre aguaceros,
de lluvias,
de guerreros.

En esos charcos pisotean a "algún día"
donde quemarán con religión a quien no sepa,
que Dios murió y con él, el miedo,
y todos lloran dulcemente su agonía,
sabiendo que todos
ahora son nadie
únicamente,
hombres.

Por el placer de resentirme poco a poco, y de vagar entre el intransitado tránsito de las rutas de los pecadores, voy abriendo hueco a hueco y paso a paso, el rincón húmedo bajo tierra que será mi tumba.

Volviendo a aquel mar de vértebras sin alma,
y de almas sin tierra,
que sin vida mueren lentamente,
en el rincón del mundo denominado mundo,
donde todos quieren haber existido,
renunciando únicamente
a su vida.

jueves, 14 de junio de 2012

El concierto de su veneno

Suenan los violines y la melodía avanza, sin dejar espacio alguno a un triste silencio que detenga la cadencia perfecta en síntesis armoniosa y pacífica entre esas dos notas. Y mientras buscan ambas su papel en el papel en el que están escritas, nadan entre mares de sintonía y se zambullen de golpe en el concierto de su veneno. Tocan con simpatía, y se abrazan, y se miran, y se separan, tras el beso infinito de su unísono, cuando el verso llega a su fin. Se detienen sin pensar lo más mínimo en el futuro, en su futuro. Porque saben que su aventura tiene fin, y sus acrobacias de tinta sobre el papel del verso escrito tornado en música están acabadas, y se esfumarán, como rocío de invierno, en el agua, donde lloran la fragancia de su juventud pasajera. Sus almas están pintadas de azul, mientras su vida fluye en charcos negros, decolorando el blanco fugaz y efímero del espacio eterno. Corren sin correcciones como si cada compás fuera el primero, como si el punto final de su nocturno fuera una nota inalcanzable. Ellos no lo saben, son incapaces de fluir más allá de la perfección de sus cuerpos sin vida, con más vida que el resto de los cuerpos. Y mientras, el cuerpo de la pieza toca en silencio. Emociona al público dubitativo, arrancando lágrimas al más inmortal de los mortales, llorando sin piedad hacia la parada definitiva, hacia el final del camino; hacia la llegada, de su llegada.

sábado, 9 de junio de 2012

Manual de sonrisas forzadas.

De vez en cuando, en apenas unas contadas ocasiones, el cielo deja de ser azul, y las nubes dejan de ser nubes. Es cierto que a veces ni siquiera el suelo parece ser asfalto, y la luna deja de brillar en el cielo, que por supuesto, no es ni cielo, ni es azul. A veces, las sombras dejan de ser oscuras, y las luces dejan de iluminar. Y cuando esto sucede, ni los pájaros cantan, ni la lluvia, que cae de las nubes que han dejado de ser nubes, moja. Los paraguas ya no protegen de la lluvia que no es lluvia, y los peatones que de vez en cuando no son peatones, pisan el suelo, que ya, por supuesto, no es asfalto. Esos días, en los que las letras de las canciones han dejado de tener sentido, y en los que las voces no suenan, y la gente no canta, esos días, en los que la vida se detiene y la muerte deja de cobrar sentido, no son días, ni son noches. No son nada, más que un vago intento, que ni siquiera es un intento, de leer las instrucciones, del manual de sonrisas forzadas.

sábado, 2 de junio de 2012

Palabras bajo el agua.

-¿Qué significa esto?

+No lo sé realmente, tú que piensas?

-Que no sabes lo que es no dormir porque ningún sueño se asemeja a la felicidad que se siente estando despierto. Que no sabes levantarte cada día por un solo motivo, porque no hay otro motivo. Que no sabes lo que es no comer, porque no hay otra cosa que te llene más. Que no sabes lo que es querer a alguien, porque nunca has estado enamorada. Que no sabes lo que es llorar de felicidad, porque nunca has sido más feliz que yo. Que no sabes lo que es sentir que no puedes más, y equivocarte porque sí que puedes. Que no sabes que morir, porque nunca te has sentido sin vida. Que no sabes lo que estar con vida, porque siempre has estado muerta.

+Dilo.

-Jamás.

+¿Por qué?

-Porque esas palabras que la gente repite sin pensar, eso a lo que la gente llama romanticismo, esa piscina a la que se lanzan de cabeza, o de espaldas, lleva cubierta desde el invierno en mi casa, porque para mí, siempre ha sido invierno, y nunca me he lanzado de cabeza, ni de espaldas... hasta ahora.

+Sabes que no puedo hacer otra cosa.

-Al igual que tú sabes que no puedo describirlo de otro modo, al igual que sabes que lo siento, por haberlo sentido.

+No digas eso.

-¿Qué más da ahora? Al menos, déjame disfrutar de un último baño en mi piscina de invierno.


domingo, 27 de mayo de 2012

I

Las olas gritan sus nombres,
como consolando con su llanto su eterna marea
y brillan con la luna y su reflejo,
viven en el espejo,
de su mar de lágrimas en "donde quiera que sea"
aquel paraíso que confortaba a los hombres.

Y yo me miro de nuevo desde entonces,
gritando y llorando para que ella me vea,
suplicar por su cortejo,
disfrutando del festejo,
entre horas de carmín y besos de apnea,
de la corte-cultivo festejo de pronombres.

lunes, 21 de mayo de 2012

Hay días.

Hay días, por ejemplo, en los que la noche deja de parecer triste. Y hay días en las que las nubes golpean tu rostro y el viento grita tu nombre. Hay días, por ejemplo, en las que las sombras son luces, y las luces dejan de serlo. Hay días en los que las lágrimas no son más que agua, y las heridas son solo cicatrices. Hay días en las que el cielo te espera y el sol te sigue. Hay días en los que la luna es tuya y solo tuya. Hay días en los que dejas de vivir muerto, para morir viviendo, y días en los que en lugar de morir de noche, vives de día. Hay días en los que mueres de vida, y noches, en las que vives de golpe. Hay días en las que soy tus noches, y noches tuyas, que son mis días. Hay días en los que tu lado se hace eterno, y noches eternas en las que sin tu lado no son noches. Hay días, por ejemplo, en los que la luna brilla más que nunca a tu presencia, y noches en las que el sol se cierne sobre tu imagen. Hay días en los que duerme por no verte, y noches en las que despierto, por haberte visto.

sábado, 19 de mayo de 2012

Escondido entre bastidores.

La chica del portal número trece, que pasea lentamente el canto nostálgico de su felicidad pasajera, absorbiendo el húmedo asfalto que corre por sus venas tras la tormenta primaveral de un uno de mayo. Carente de sentidos, su pelo oscuro, mecido por el viento, anudado tras el revés del golpe de aire en un vehículo motorizado, es balanceado cortésmente por la fragancia entre el tupido velo de la soledad inerte que es su paso. Marcando con pisadas de diamante su rostro rasgado por las cicatrices del pasado a través de charcos de Neptuno y rayos de Apolo, la pesante figura de la chica de carretera, cadáver insostenible cuando el paso de las cuerdas llega al final de su función, llega a su tumba. Ella huele a lágrimas de bourbon y aliento a melancolía, de un sábado cualquiera en los brazos de su poderosa cárcel de fuego. Huele a cenizas y azufre en el interior de su marchita rosa, cantando dulcemente la melodía de su cuento, rondando el pareado de su enseñanza. Habla con los árboles y saluda a los animales, en esa completa armonía que siente con la naturaleza habiendo dejado atrás el humo del tabaco que fuman los tubos de escape, y el murmullo con su eco de las voces de esos indigentes sin rumbo. Y cuando las luces del escenario se apaguen y no quede nadie sentado entre el público, la rosa de este cuento de hadas se pudrirá, inundando el suelo de madera de un rojo carmesí, más propio del infierno que de una obra de teatro.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Palabras sin final, sentimientos con corazón.

A veces, se sienta en el sillón de terciopelo donde aún sigue guardado el alma que antaño habitaba la soledad de la butaca con respaldo. Agacha la cabeza y cruza las manos, como conociendo perfectamente la simetría que encuentra en ellas, y piensa solo, buscando la cadencia perfecta con el cabeceo de su cráneo, tan superficial como siempre, y el tic tac del reloj, acompasado con el ritmo de sus pies, tocando pedales invisibles de mágicas baterías que nadie más que él puede ver. Saca los índices de la cueva que ha creado con el resto de sus dedos y los pone uno frente al otro, en una pelea de fuerzas igualadas, esperando al empate con el sonido del ring y el final del primer a salto. Entonces, de repente, cruza una pierna, haciéndose notar el susurro del roce de sus vaqueros y el golpeo de la rodilla con la madera del sillón. Gira la cabeza hacia un lado, y haciendo uso de la perspectiva del mundo, poco visible con el alto respaldo del sillón verde, ve la silueta algo ennegrecida por las sombras de la esquina y el marco de la puerta de un cuerpo que en ciernes se aproxima a perturbar la soledad silenciosa del ente material, y su sillón.

Se levanta, cansado, arrastrando los calcetines que cubren sus indefensos pies sobre el suelo encerado, acercándose lentamente hacia el anticuado tocadiscos, cogiendo con suavidad la funda del disco de vinilo, sacándolo de su cárcel de cartón como si se tratase de una pluma. Sopla el contorno de la aguja y depositando cuidadosamente la pieza arcaica sobre la plataforma, pulsando la tecla del piano ahora con la forma del botón de inicio, dejando sonar una melodía un tanto triste, porque suena melancólica, aunque ningún acorde menor suena con la guitarra. Y la pesante voz de un joven Leonard Cohen hablando del misticismo de Suzanne, la protagonista de la obra, de la cual siempre habló con nostalgia, pese a que la sigue conociendo, y nunca dejó de conocerla. El cabeceo constante de su cuello, sempiterno, parecía no tener final según los versos aproximaban a su fin, aquello era poesía en estado puro, y el sujeto, narrado en tercera persona para no parecer obsesionado consigo mismo, lo siente, y de vez en cuando se permite mover los labios, cantando al ritmo del poema-canción, tratando de pronunciar cada palabra con rigurosa precisión, aunque el perfeccionismo no le gusta, él trata de ser el compositor, sintiendo cada palabra, cada sentimiento, tal y como cree que él lo quería interpretar. Y Suzanne, en el fondo, no era más que una amiga, con la cual Leonard Cohen no tuvo ninguna relación más íntima que el hecho de conocerla, de hecho, estaba casada, pero qué sería para él el matrimonio. Jamás estuvo casado, pero eso no le alentó nunca a no estar enamorado.

sábado, 5 de mayo de 2012

Divagaciones.

Y ahora sabes un poco mejor qué es lo que buscas. Llevas una vida buscando, surcando entre aquellos oscuros callejones, sucios y mojados, la mísera retina del ojo que solo a ti te puede ver, llevas buscando demasiado. ¿Y todo eso para qué? Para no hallar más que una duda tras otra, reflejada en el semblante serio del dorso de un papel o en la pantalla de un ordenador, para no hallar más que una minúscula transformación, que vuelve a ti en el más oscuro día de primavera. Porque sigues sin encontrar nada, aunque todo parezca que mejora, toda la felicidad que encuentras es efímera, y se convierte en nostalgia al poco de finalizar el escaso periodo de euforia que sientes por ejemplo, ayer a las siete de la tarde, para volver en esa disforia a las doce, y vuelta a la normalidad a las nueve de la mañana del día siguiente, para conventirse de nuevo en pena y lástima a la una y veinticinco, y así, el rutinario ciclo de un muerto viviente. Solo somos cadáveres.

Te gustaría no tener cuerpo, y en el fondo, confías en que no lo tienes, tan solo son ideas, que se pierden en el eco del último suspiro y del canto desconsolado de un ánima en ciernes, en solo un alma, sin nada más que ella misma, surcando el limbo frío pero tierno, sin arrojar la más mínima importancia a la vida que te atrapa. Platón tenía razón, el mundo es una cárcel, un castigo y una trampa, de la que solo es posible escapar recurriendo a la muerte, ahí es donde se encuentra la única salvación, el único modo de conocer lo que es, realmente, la verdad.

viernes, 27 de abril de 2012

Deja que las paranoias vuelvan a su curso.

Mientras la irrisoria silueta de este James Dean revivida pero encerrada en su tumba camina, entre las carreteras de fango de cenicientas de saldo y aliento de esquina, maldiciendo contra la orina del subsuelo que ahuyenta las cobras del mediodía, de trajes de ceniza y maletines de tiza pintados, entre escombros y jirafas de metal con lumbago, haciendo el vago mientras escucho el grazneo de los pájaros en sus Mercedes. Y fue en el "entonces" donde el adiós se hizo perpetuo, con el fuego fatuo de la cárcel social de esta descomposición, malograda de actrices y actores sin dignidad ni ilusión, comiéndose el guión que ellos mismos crearon, para su creación. Lo que fue de las caricias y el amor no tiene sentido, sino la vulgar historia de ese ángel llamado Cupido, que cayó en laas redes del subsidio y de la desesperación, haciendo un hueco, en el escueto suelo de la cola del paro, y haciendo uso del descaro que a buen amparo le venía, mientras corría como pájaro tras el disparo entre calles y avenidas, cayendo al suelo con desamparo, yació en la vía sin más dilación. Mientras el gesto de esto, apuesto despuesto compuesto, e inhonesto indispuesto descompuesto en el molesto resto del opuesto, protesto predispuesto a este traspuesto, respuesto gesto del funesto impuesto del incesto, cae junto a la llama que le oprime del fuego y trasiego de andar tieso frente al brillo que mata y que me llama, frente a frente contra la cátedra de este dios mal llamado, junto al amado fruto de este vértigo, pródigo, justo, y siniestro.

miércoles, 25 de abril de 2012

El reloj del perro.

Ya no sabes qué hacer, estás cansado de todo. Estás cansado de ella y de sus mentiras, la ves estúpida, en el fondo es un tanto idiota, lamentas incluso haberla conocido. Tal vez sea simplemente el comienzo de la fase de negación, y que la estés culpando de todo lo malo que te ha sucedido, pero ahora lo ves como la única opción posible. Crees que vuelves a ser tú mismo, o bueno, al menos el tú de hace un par de meses, ¿no? Lo único que te debería preocupar son tus notas, y no si vas a sobrevivir a hoy y si vas a llegar a mañana. Quieres disfrutar, joder, y olvidarte de todas tus cosas aunque sea únicamente durante un jodido día. Quieres hacerlo todo tan deprisa, porque ya llegan los diecisiete y aunque el pensamiento de que todavía vives menos que un perro te relaja, sientes que el reloj corre en tu contra. Te levantas por las noches y gritas y maldices hacia ella, sabiendo que todo quedarán en suplicas sin sentido y sin consecuencia alguna. Es jueves, y lo das todo por perdido, pese a la paradoja de una tarde de invierno. Es primavera y las flores arrojan sus pétalos. Es primavera, y caes lentamente sobre el suelo macizo de madera de tu cuarto.

lunes, 23 de abril de 2012

Memories

How can be people so sure? I mean, sure of being people. In fact, they cannot be sure. I think I probably get the truth in the precise moment of my death. I have always heard that all your life, your memories, goes through your mind when you are lying on the floor. I have really dreamt about it, definitley, that's my aim, my target, my fate. What will I feel when that happen to me? What memories, what sounds, what views will it cross through my head?
I remember my grandmother, and her skin, perfectly, like paper. And the last words she said before she died harmoniously in her hospital bed. She said: "Boy, when I finally get out this little piece of hell, you and me are going to travel around the world. And if we end that road, we will travel again, because we can go around it all the times we want to, as if there had no time, as if there had no time...¨. She would be the first one who appear in my mind. After that, the first time I touched the snow. It felt like, quite weird, a strange feeling, I was afraid, it was cold, it was new.
I remember the first time I fell in love, that word, which is written with blood in my wrist, and that feeling then, has been never rised again.
I would remember one summer night. Just me, alone, in the dark, seeing stars, whose lights were brighting my horizons, wherever they were on my mind. And then I stood up, as if I felt I would have seen everything I could see in life. As if there wasn't any chance to live just another day, as if I had lost the will to stay alive.
But when I reached the peace, the truth, the hell, I couldn't say anything but "thank you" to the world, for let me living in it, for let me knowing it, and for have tried to, though it was only for a little second on my small stupid life, convince me of being a real person.

sábado, 21 de abril de 2012

9:23

Estás confundida, no sabes de lo que hablo, no entiendes lo que digo. No sabes absolutamente nada. Crees que todo esto es una broma, que tal ve estén jugando contigo, y tal vez sea eso, todo esto es uno de esos tristes juegos de mesa guardados entre el polvo de un armario junto con otros juegos olvidados. No le das muchas vueltas a todo eso, tienes otras cosas de las que preocuparte, sueñas simplemente contigo misma, a veces vuelas, a veces caes. Yo no. Quieres evadirte de este tema que te marchita un poco por dentro por haber vuelto a vivir lo mismo que antes. Yo no. Intentas hablar pero apenas lo consigues, es bonito en parte, pero obsesivo al mismo tiempo. Estoy enfermo, me has hecho enfermar, en el sentido más estricto de la palabra enfermedad. Y necesito ayuda, créeme, necesito tu ayuda, como la que más. Estoy perdido, solo en esta piscina infinita de sueños rotos y baúles con el candado hechado, en esta playa de arena blanca, mirando como pasan las olas rompiendo súbitamente con los restos de la estoica roca, que no se aparta frente a la erosión. Tú eres las olas. Y mientras siga siendo esa maciza construcción de granito que se yergue única y sempiterna sobre la costa, los sueños volando y cayendo serán cada vez menos, pasando a un segundo plano, ya que nada, ni las personas, ni el mundo, ni nada, podrán pasar a tu primer plano, el plano, mi plano.

jueves, 19 de abril de 2012

Bañeras de sangre y lágrimas.

En ocasiones, una vida se queda corta. Los momentos de tensión y angustia, en lo que casi toda la adrenalina que llevamos dentro se libera, se agotan, dejando ese espacio de tiempo entre la vida y la muerte casi vacío. La vida es la diferencia entre un "te quiero" y un "adiós", siempre lo ha sido así, desde los comienzos primigenios de la existencia. Una vida no es suficiente para realizar lo que queremos realizar, para vivir lo que queremos vivir, para pensar lo que queremos pensar o incluso para sentir lo que queremos sentir. No, una vida nunca es suficiente, jamás. Poco a poco va pasando el tiempo, es otro tipo de tiempo, no aquel con el que te haces mayor y creces, físicamente, sino el tiempo que pasa realmente es el del desgaste, mental, psíquico o como se quiera llamar, el que apura hasta el último silencio de esta angosta y escueta línea o párrafo que representa un intento de presentar la realidad.

La vida es un vaso de agua, que se agota por cada sorbo, al cual, metafóricamente hablando, podríamos considerar como felicidad. Hay vasos que desbordan, vasos que están llenos, vasos medio llenos, y, a veces, vasos que desde siempre han estado vacíos, de tal manera que al beber, han tenido que tragarse su felicidad, sufriendo injustamente al beber de un vaso que no se merecían. En definitiva, nada es justo, siempre hay quejas, siempre hay mentiras, siempre hay muerte. Y es innegable e inevitable tratar de evitarlo, es imposible tratar de huir de nuestro destino. Al fin y al cabo, nuestro destino es, y siempre ha sido, yacer en el asfalto templado de una carretera, o mojado con el agua de una bañera de sangre y lágrimas.

miércoles, 18 de abril de 2012

Café solo de madrugada.

Creo que he llegado a un punto en el que nada puede ir sino de este modo, mi barco a tomado un rumbo, sin ningún destino determinado, limitándose a seguir las corrientes de un turbulento mar, que yo mismo creé, suspendiéndose con cuidado con cada impertérrito suspiro. Y realmente, lo que más atañe a esta entristecida mente de "café solo de madrugada" es el arte de la perfección, la imposibilidad y aventura de ser simplemente, y sin más truco, un ser perfecto. Malinterpretadlo como queráis, yo me entiendo en mi sistemático rumbo vacío. Probablemente lo que busque sea limpiar mi conciencia, de nuevo, claro está, la vida no es más que una sucesiva línea de cambios impulsivos y sin un término general que prediga cuándo ni dónde será el siguiente.

La sociedad nos corrompe a todos. Moralmente, la sociedad es corrupción en vida: "suciedad de sociedad" diría, porque el único e increíble pensamiento e idea de nosotros mismos, que es siempre la misma, siempre única, eso creemos, no es más que otro ingenioso truco de la marea de cuerpos que cubre este inusitado mundo. Es impresionante. Nos carcomemos a nosotros mismos, nos idealizamos, nos moldeamos, pero olvidamos lo más importante de todo; olvidamos nuestro nombre, nuestra identidad y nuestra esencia. Ese algo, que apenas pretendemos conocer porque pretendimos conocerlo todo y nos mentimos pretendiendo haberlo conocido, es mentira. Todo es mentira. Y pocos sabreís lo que es vivir así, encerrado en una tumba de papel, con el alma bajo tierra, escribiendo unas cuantas líneas pesimistas, buscando la clave para salir del ataúd de pergamino, y liberar mi alma que fluya en el viento, como una bolsa de plástico mecida por el aire de una corriente occidental.

Pero olvidé la pluma cuando aún era persona, cuando todavía tenía esperanza. Ahora estoy muerto, aunque en verdad, siempre lo estado, todos lo somos. Simplemente realiza la prueba, sumérgete en un día de diario como hoy, y piensa si quiera en tan solo una cosa, que se salga de la predicción natural del hecho acontecido. Intentarás creer que hoy te has levantado con un pie distinto, que has conocido una nueva palabra. Tal vez te hayas tropezado, o simplemente no hayas dormido, pero es no vale, no hay evidencias que digan, que no eres más, que una magnífica e incesante idea recreada para convencerte de que todo lo que ves, y de que todo lo que haces, lo que sientes, lo que ves, lo que quieres, es polvo, que se pierde en la noche, con el viento y la tormenta.

Y ahora dime, anónimo personaje, si ves lo que yo veo, si sientes como yo siento. Porque ahora, busco solamente alguien con quien compartir mi rumbo. Un pasajero eterno que navegue conmigo en las turbulentas aguas de mi mar, viviendo la idea de no ser nosotros mismos, pero todo eso da igual, siempre sabremos que todo era una mentira, hasta el punto en el que empecemos a formar parte de ella.

martes, 17 de abril de 2012

Be my thought.

Surprise me. Do something, say whatever. Be yourself, smash the world, shout, shut up never. Run, work. Surprise me and talk, surprise me and listen. Sing to the wind, cry to the nights, touch the sky, feel the air, hug the clouds, tear the walls, cross your mind, fall from the top, reach the edge, swim the oceans, pace the deserts. Beauty is the aim. Caresse your lips, scream to the emptyness.

Sometimes, I would give everything I got for just one thought, which can distract me from death. Sometimes, I would just give up, throw every little small piece I am, for just one kiss. Sometimes, I would just rest on the floor, carressing the asphalt, which is softer now, and apologyze for the mess I messed. Sometimes, I would just cry, but tears, are never enough for a non-soul man, either for a non-livin corpse.

lunes, 16 de abril de 2012

She is back.

Cuando callen aquellos que susurran entre los muertos, despertando el espíritu que llevo dentro y que no sale, esperando cualquier momento para dejarme despertar, pero dormitando en esos sueños lúcidos de calles poco transitadas y acordeones en las esquinas, de miradas que se cruzan y se encuentran, como dos enamorados detrás de un cristal inconsciente, que es la conciencia de estar apenas consciente. Cuando callen las voces que aconsejan, y que tristes cantan nocturnos a la luz de la luna, como esperando a que ella aparezca de cada una de las teclas de aquel piano maldito que es el mundo, y tú eres un mero observador, del espectáculo que apenas discierne. Arguyes entre monólogos tristes de noches de alcoba y chapuzones en alcohol, buscando la felicidad de una noche de verano zambulléndote en el culo de un vaso de ginebra, ya vacío. Son las doce en el reloj de cuco de la pared de pladur que deseas firmemente que se caiga aplastando tu perturbada cabeza mientras duerme. Y cuando crees que el sueño plácido de ovejas saltando vallas en el campo y estrellas y lunas y mujeres despertará de su sumisa hibernación, la atormentada imagen de ti mismo mirando de espaldas el espejo, olvidándote de tu reflejo, pensando más bien en el peso de no tenerla detrás de ti, mirando y sonriendo la imagen que acontece en el triste reflejo del vaho de tu silueta, aparece. Estás solo, sin nada más que su imagen para poder respirar cada día, para dormir por las noches, y para soñar cada minuto.

domingo, 15 de abril de 2012

Bolsas de plástico.

¿Sabes de esas bolsas de plástico que parece que tienen vida cuando son mecidas por el viento? A veces me gustaría ser una bolsa de esas. La gente me arrojaría sin más procupación que la de ser vistos por otro peatón, y yo, me limitaría simplemente a contemplar la bonita y lamentable imágen del mundo, desde los cielos y desde las nubes. Sería maravilloso, realmente, envidio las bolsas de plástico. Subiría, y bajaría, pero nunca me detendría, sin llegar jamás a tocar el suelo. Simplemente haría eso, mirar y observar. Creo que es lo que realmente siempre he querido hacer, observar sin ser observado, porque nadie se fija ni ve nada en esas bolsas de plástico lanzadas hacia arriba por la corriente de un respiradero del metro. Tal vez solo los niños se dieran cuenta de quién soy, pero no creo que viesen más allá de una bolsa de plástico normal y corriente, en un mundo de plástico normal y corriente.

jueves, 12 de abril de 2012

Dot Dot Dot

Te ahogas. Sientes que te mueres, sí, vas a morir allí mismo. Puedes ver las ventanas, están allí, tan lejos... Y lloras y gritas pero te sigues ahogando, y aun no mueres. Estás sufriendo, y quieres que te mate, ya, total, ¿qué más da si ta estás muerte? ¿Qué sentido tiene seguir viviendo si ya no vas a poder ver más ventanas, ni más nada? ¿Qué sentido tiene morir si no tienes vida? El sentido de alguien que se ahoga y que no muere. El sentido de alguien que recuerda y que no habla. El sentido de una persona sin más culpa, que la de ser persona.

domingo, 8 de abril de 2012

Palabras.

Eres el espacio entre cada punto suspensivo, cada paréntesis. Eres cada metáfora y cada personificación, cada sinestesia y símil. Eres cada acento, cada coma, cada punto, cada letra. Y siempre que recurro a ti, no me queda más remedio que echar atrás todo lo que he conocido para dejar mi mente en blanco, y tal vez dejar que todo fluya en una especie de complejo rutinario de letras sin sentido y alguna que otra materialización imposible de realizar fuera del papel. Pero mientras el caballo negro que acecha mientras duermes siga ahí, no podrás nunca más pensar por ti mismo ni sentir por ti mismo, eres poesía, solo eso. Y sabes que no vas a poder salir del papel, que no vas a poder escapar. La libertad fue una salida pasada en tu  autopista, ya no la recuerdas, o si piensas en ella, piensas con nostalgia, como se piensa sobre lo perdido. Amas con locura cada paso que da, cada sílaba y cada signo de interrogación. Son tu espejo. Solo el tuyo, el de nadie más.

lunes, 19 de marzo de 2012

Primera sesión el la terapia de la muerte

Lisa era joven cuando descubrió su secreto. Recuerda perfectamente el momento exacto. Tenía unos ocho años por aquel entonces, y solía salir a jugar con los otros niños en la calle; era verano todavía. Se entretenían tirándose por el tobogán o saltando de los columpios para ver cual de ellos era más valiente y se atrevía a saltar más lejos. Pero aquel día de agosto, Lisa dejó de mirar a los niños como les miraba antes. Ya no veía personas, había dejado de verlas. Para ella, los seres humanos no eran ya nada más que algo que se podía escribir sin apenas dificultad en el dorso de un folio en blanco. Lisa perdió aquel día la ilusión y las ganas de ser joven; se puede decir que lo perdió todo. Jamás volvió a ser la misma, algo en ella había cambiado, algo que asustaba incluso a la propia Lisa.

Ya no jugaba con los niños de su edad, y en los recreos, en lugar de salir a divertirse, se dedicaba a ojear libros de portadas gruesas y antiguas en una esquina del patio que solamente ella conocía de tal manera que nadie nunca llegara a descubrirla. Se podía ver el interior de Lisa con tan solo una profunda mirada al interior de sus ojos negros como el azabache, su pena y angustia se reflejaba en ellos como un espejo, y en su pelo oscuro y enmarañado, al igual que en su estatura media y en su cuerpo, tan delgado que si se llega a poner de perfil, se volvería prácticamente invisible.

Tenía miedo. Tenía miedo del mundo, de la gente, de ella misma... tenía miedo de todo. Lisa se solía referir a ella misma como "cámara de fotos automática", sí, así era como realmente le gustaría que la llamasen, porque una cámara de fotos no olvida, simplemente se limita a recordar imágenes del pasado. Y en la corte de cámaras de fotos automáticas, ella era una cámara superior.

Desde aquel día soleado, feliz, sin importancia, uno de esos días que la gente apenas recuerda, Lisa dejó de hablar. Llegó a casa con un rostro distinto, una mirada nueva, una cara diferente. Sus padres, todavía sin haberse dado cuenta del secreto que Lisa ocultaba, le preguntaron amablemente qué tal se lo había pasado, y ella caminó triste, arrastrándose por los pasillos de la casa sin decir una sola palabra, hasta su habitación.

A los dieciséis años, Lisa seguía sin hablar, no tenía amigos, y sus padres, producto de la angustia y de la desesperación decidieron consultar con una psicóloga bastante bien formada y con buena fama sobre los comportamientos autistas de su hija. Lisa fue sin rechistar a la consulta de la doctora. Ni un solo gesto cambió en su rostro cuando sus padres le informaron de la cita.
Antes de salir de casa, Lisa cogió el bloc de notas amarillo que tenía que haber usado para las clases en el instituto y escribió con letras grandes, en rojo, de título: PRIMERA SESIÓN EN LA TERAPIA DE LA MUERTE.

Ya en la consulta, la psicóloga le pidió a los padres de Lisa que abandonaran la sala y que esperasen fuera. Comenzó a mirarla con sonrisa de prepotencia mientras le preguntaba cosas tan triviales como su edad o su nombre. Sabía de sobra que en el dossier que llevaba sostenido sobre las piernas aparecerían cosas que ni la propia Lisa sabría de sí misma, así que se limitó a mirarla de frente y permanecer callada. Le ponía de los nervios ver que la psicóloga le trataba como si fuera retrasada, pero no podía hablar, ella jamás había escuchado su propia voz, o al menos, no se acordaba de como sonaba. No abrió la boca, como si no fuera ya bastante suplicio aguantar las constantes burlas de la doctora, aunque ni ella siquiera se imaginase lo que a Lisa se le estaba pasando por la cabeza en aquel preciso instante.

sábado, 17 de marzo de 2012

Susan

No sé cuándo ni cómo descubrí el secreto que Susan escribía en su noches de alcoba vacía. Ella sola, ahí arriba, cuando no había más que arañas y sombras, se sentaba en la butaca de terciopelo morado, sacaba pluma y papel y garateaba unos cuantos grafos que empezaban a cobrar sentido diez minutos después. A Susan le gustaba escribir desnuda. Sus sentidos se agudizaban más cuando su cuerpo estaba en contacto con la atmósfera fría de terciopelos, sombras y arañas.

viernes, 16 de marzo de 2012

Anwar

Ella es de esas personas que no necesitan palabras para enseñarte lo que saben y lo que sienten, para hacerte llorar con tan solo girar su melena al viento y dejar entrever la pena y angustia que lleva consigo desde la primera gota de agua.
Ella es de esas personas que creen que lo saben todo, y lo saben todo, sin dejar lugar a la duda, salvo a ese tema que tanto evita, como yo y que tanto le recuerda a momentos pasados en los que ella no era ella, ni nadie era nadie.
Ella es de esas personas que lo pasan mal con el más mínimo gesto de preocupación, porque en algún momento de su vida menos preocupación vieron y más daño sufrieron.
Ella es de esas personas que finge una sonrisa cuando nada sale como ella quiere, cuando todo se le va de las manos y no quiere sino echarse a llorar en la esquina más cercana, bajo la luz de la luna.

Esa es ella, la de las puestas de Sol tirada en la playa sin más preocupación que la de quemarse su blanca piel de porcelana. Y esa eres tú, la que camina sola mirando al suelo, porque una vez miraste al Sol y te quemaste, y aún duelen las cicatrices del pasado, que pese a intentar curar, no quieres convencerte a ti misma de que no fue culpa tuya, porque no tuviste nada que ver. Esa eres tú, la que no tiene culpa de nada, la que para sentirse algo necesita tener la culpa de algo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Elaboré cerca de la gracia

-Dime algo.

-¿Qué quieres que conteste?

-Contesta solamente si piensas como yo pienso, si quieres como yo quiero, si sientes como yo siento, si sufres como yo sufro, si lloras como yo lloro y si ves como yo veo.

-Me cuesta creer que esto esté sucediendo realmente...

-¿Crees qué es fácil para mí?

-No lo sé, simplemente no puedo creerlo, no quiero creerlo... no, no puedo, lo siento, ojalá pudiera, pero no he llegado hasta donde estoy ahora enamorándome de toda persona que me dice "te quiero".

-No te he dicho nada de eso.

-A eso mismo me refería.

-¿Entonces?

-¿Realmente crees que el viento grita mi nombre? ¿Que la lluvia que te moja soy yo? ¿Realmente piensas que las olas no borran mis pisadas? ¿Que el silencio no limpia mis palabras? ¿Realmente ves en mi mirada tu vida entera? ¿Que hay algo más detrás de cada muro, de cada frontera?

-Me he perdido...

-Buen intento.

-¿Cómo?

Álvaro Jiménez se ha desconectado.

martes, 13 de marzo de 2012

Rompió el caso. Miró. Abre.

Caminas, a través del frío y de la noche que te atrapa y te abraza como si un amigo suyo fueras, y te gusta la sensación del frío y de no ver nada, porque ni hay motivo para sentir calor, ni motivo para ver cualquier cosa. Te gusta el invierno, aunque a penas días le quedan ya. Días de angustia, lágrimas y polvo que de tus ojos corren como dos ríos fluyendo y desembocando en un mar blanco oscuro de barcos piratas de almas errantes y mentes sin cuerpo que tímidamente bajan su mirada al paso de esta triste vox populi ahora desvanecida. El proverbio dice "si vis pacem, para vellum", y acertado es; y válido también para la actual situación de dolor sin pena y lluvia sin agua. Es ácido lo que cae sobre mis mejillas, y el semblante serio que mantengo fijo como si de un estatua fuera víctima encerrado se consume poco a poco como la llama que le da vida a esta solitaria vela. ¿Cómo se le puede llamar a esto? Ni es lástima ni locura, ni odio ni perdición, es otra palabra, que reúne casi todo lo que lastimo, casi todo por lo que enloquezco, y casi todo lo que odio. Una única y fría palabra, que resuena en mis oídos desde que su significado desconocía antaño y sigo sin conocer. Ni me molesto en contar sus letras de lo triste que es la simpleza de poderlas contar con los dedos de una mano, y aún te sobra otro, para escribir lo que ve en mi puño casi abierto y mi mirada pérdida por la perdición de la pérdida de lo más querido.

Es otro escalofrío más que se junta a la lista ya interminable de las personas que se propusieron sentirlo y hacer que lo sintiera, y que nunca llegaron más allá de una frase sin significado alguno entonces para mí. Es triste ver como pasa el tiempo, y sigues sin encontrar ese alma errante que como tú te este buscando. Y si es quien creo que es, soltará las redes de pesca de su barco con la misma esperanza de encontrarme que yo, y si es quien creo que es habrá contado las letras de lo que escribo con una sola mano también, y si es quien creo que es sabrá descifrar este mensaje. Y si es quien creo que es lo olvidará como olvido lo que veo y lo que escribo; como cuando los sentimientos pasan a ser nada más que palabras.

lunes, 12 de marzo de 2012

Ride a white Swan

Quiero agitar mis alas, sentir que vuelo, sentir que floto. Quiero trepar columnas de aire caliente y dejarme mecer por las corrientes que fluyen en el espacio. Quiero liberarme de la presión y que vuele junto a mí, a mi lado, pero distante, alejándose. Quiero mirar al mundo con desprecio y reírme de las nubes a mi paso. Quiero volar. Quiero sacar el cisne negro que pueda haber dentro de mí. Pero los cisnes no vuelan. No al menos en mis sueños.

domingo, 11 de marzo de 2012

Como polvo en el viento

Como cuando no puedes levantarte porque no puedes siquiera acostarte. Como cuando no puedes articular palabra porque no puedes siquiera parar de hablar. Como cuando no puedes pensar porque no puedes siquiera dejar de no pensar. Como cuando no sabes siquiera quien eres, o qué haces, o qué quieres. Como cuando no sabes a donde vas o de donde vienes. Como cuando no crees en lo que tienes. Como cuando no tienes lo que crees que quieres.

Como cuando no puedes soñar porque no puedes siquiera despertarte. Como cuando no puedes escribir porque no puedes siquiera guardar la pluma. Como cuando no puedes sentir porque no puedes siquiera dejar de no sentir. Como cuando no sabes siquiera quien es, o qué hace, o qué quiere. Como cuando no sabes por lo que morir, o por lo que seguir viviendo. Como cuando no atiendes a lo que puedes. Como cuando no puedes lo que quieres atender.

Como cuando quieres. Como cuando vives. Como cuando mueres.

sábado, 10 de marzo de 2012

Consciencia total

Llega un momento en el que ya apenas puedes seguir escribiendo. El carmesí de la mesa te impide concentrarte, y los párpados se te cierran como persianas en una casa abandonada. Todo empieza a cobrar sentido, y alcanzas a ver las relaciones entre todas las cosas; entre, por ejemplo, el cenicero que se encuentra escasamente a veinte centímetros de mis ojos y mis ojos, que se encuentran a escasos veinte centímetros del cenicero. De repente, lo entiendes todo, pero esa sensación te dura tan solo un segundo, se esfuma, se va. La conexión entre todos los elementos de la habitación desaparecen, y todo vuelve a ser igual, como si nada hubiera sucedido, y es que nada sucedió. Te gusta esa sensación, porque así es como ves la vida después de la muerte, un momento, probablemente más largo de conocimiento, porque entenderás todo lo que ha pasado, todos los que han pasado, y la relación que les une, como dos pequeños enormes, jóvenes y viejos luceros en el firmamento. Son cables invisibles que, además de unirnos, nos enseñan que hay distancia entre cada cosa, entre cada todo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Tired

Cansado de levantarte cada mañana con una cara triste. Cansado de ponerte los mismos vaqueros azules, parecidos a los otros veinte que guardas en tu armario. Cansado de migar galletas en tu leche con grumos del falso Cola Cao del Día. Cansado de ducharte, cansado de salir a la calle. Cansado de atender siempre a las mismas palabras. Cansado de no encontrar nada que realmente te guste. Cansado de no encontrar a nadie.

Cansado de aburrirte. Cansado de cansarte. Cansado de escuchar una y otra vez la misma canción cuya letra te sabes de corrido y con la que sueñas mientras duermes. Cansado de hablar cuando no hacen falta palabras y cansado de realizar cuando no hacen falta acciones. Cansado de no dormir cuando hace falta sueños y cansado de escribir cuando no hacen falta versos.

Cansado de seguir con vida, cansado de pensar. Cansado de querer y cansado de caminar. Cansado de acostarte con las mismas ganas de no acostarte que la noche anterior. Cansado de mirarte en un espejo y no sentirte reflejado. Cansado de mirar tu sombra y sentir lástima. Cansado de respirar aire y ver estrellas. Cansado de tener y cansado de quitar. Cansado de todo, cansado de nada, porque estar cansado significa que en algún momento lo tuviste todo, y eso es bueno, ¿no?

miércoles, 7 de marzo de 2012

Final

Llaman a la puerta, es extraño; creías estar solo. Así que confiado, depositas cuidadosamente tus afilados dedos sobre el picaporte de plomo que pesa una barbaridad cuando no acostumbras a abrir puertas ni a recibir visitas y lo giras delicadamente hacia la izquierda. De repente, oscuridad invade la sala. Ves negro, completamente negro, y sientes frío, mucho frío. Y una suave neblina te impide ver salvo el rojo de unos ojos que parecen rubíes, y que brillan incluso por el reflejo de la luz sobre las pequeñas gotas de agua de la neblina. Tienes miedo y te invade la angustia. Corres todo lo que puedas intentando escapar de la casa que te atrapa haciéndose más y más grande cada vez. Es como si corrieras en una cinta de éstas que tienen los supermercados para pasar más rápido los productos. Vas cayendo poco a poco al suelo, como si de un imán se tratase y tu estuvieras hecho de hierro. No puedes evitar las náuseas, los mareos y el vértigo que te da ver la imagen que tras de ti te persigue. Con una media luna afilada atada a un mástil de barco naufragado, llevando consigo los cuerpos sin vida de mil hombres, y arrastrándose entre las sombras que ellos mismo produce, y tú, petrificado, no puedes sino esbozar una sonrisa mientras esperas lo que llevabas aguardando con pánico y pena toda tu vida.

martes, 6 de marzo de 2012

Welcome back, butterflies

+Quien eres?
Nadie.
+A donde vas?
Ni tu mismo lo sabes.
+Que tienes?
Mariposas en el estomago.
+Que quieres?
Que no vuelvan a echar a volar.

sábado, 3 de marzo de 2012

Learning to walk in the rain

En este mismo instante, hay dos personas besándose apasionadamente bajo la tenue luz de una lámpara de neón. En este mismo instante, un recién nacido dice hola y un anciano veterano se despide. En este mismo instante, una mujer espera en una esquina y un empresario sale de su puesto de trabajo. En este mismo instante, una luz se apaga y una vela se enciende. En este mismo instante, una persona ve usurpada su identidad y otra saca dinero de su cuenta corriente para pagar el alquiler del piso en el que vive. En este mismo instante, un chico se despide de su novia en la esquina en la que se ven con tan solo un adiós refiriéndose entre líneas a un "te quiero". En este mismo instante, alguien escribe lo que son sus últimas palabras que todos salvo él leerán de nuevo. Un hombre compra droga en un parque lleno de bancos y gente en ellos. En este mismo instante, un hombre se corre en la boca de una mujer que no conoce, y alguien grita a los cuatro vientos un soneto que aprendió esta mañana ojeando su libro de lengua de páginas arrancadas. En este mismo instante, alguien se despierta en la madrugada por una pesadilla, y alguien duerme plácidamente en su cama de mármol. En este mismo instante, un chico se mira en un espejo y no se reconoce, y teme salir a la calle por si nadie más ya le reconoce. En este mismo instante, una familia se reúne para cenar con el único sonido de la voz de la chica del tiempo del telediario. En este mismo instante, alguien esta corriendo por la calle y alguien no puede caminar. En este mismo instante, un civil esta muriendo herido de bala y un soldado está guardando su pistola. En este mismo instante, hay mil voces gritando socorro y solo una dando las gracias. En este mismo instante, alguien se está masturbando en la cama de su habitación y una pareja de enamorados folla trepidantemente en el suelo de un garaje a oscuras. En este mismo instante, una persona compra un bote de pastillas que no necesita y otra enciende el motor de su coche en el garaje con el dentro y una toalla tapando la ventilación. En este mismo instante, hay quince personas teniendo un orgasmo y más de quince lloran frente a su espejo. En este mismo instante, una joven mujer entra en el coche de alguien que no conoce, y un policía investiga un crimen. En este mismo instante, una marido borracho pega a su mujer y cae sobre el suelo dejando entrever ningún rastro de vida. En este mismo instante, un nudo crea una soga y un cuchilla no afeita. En este mismo instante, dos amigos se separan para no verse más en una de esas escenas de película en las que uno se despide con un pañuelo blanco mientras el tren acelera rápidamente. En este mismo instante, una persona conoce el sentido del desprecio y de la amargura y otra entiende lo que el diccionario quiere decir con "amor". En este mismo instante, alguien dice "te quiero", y alguien dice adiós.

jueves, 1 de marzo de 2012

Imágenes

Es esa suave sensación. De crear e imaginar tímidas y translúcidas imágenes en tu triste y pensativa cabeza. Imágenes que te cuentan historias sobre tal vez como fue la noche anterior dentro de tus sueño. Imágenes que te escriben un poema o imágenes que te cantan una canción. Puede que sean imágenes que no quieras volver a ver jamás, y que las quieres permanentemente quietas en cualquier rincón oscuro.
Puedes describir por ejemplo: "Y la luz que tibia, cálida y fríamente iluminaba el balcón de terciopelo del castillo probablemente de finales del dieciocho, se caía pérdida ante la sombra de una nube, que como si de un demonio se tratara, mecía las sombras que aposentadas se encontraban en la más onírica pesadilla de oscuridad. Muriendo."

Pero esa imagen no recorre mis neuronas en este momento. Empiezo a discernir algo. Es una colina. Verde, con las espigas de trigo acariciando mi puño cerrado haciéndome incluso algo de sangre con las uñas mientras corro feliz, sin preocupaciones, pero corro solo. El Sol y la luna son uno, todo está a la vez, y no hay nada más en esa colina que el sol-luna, las espigas de trigo, mi puño, mi sangre y yo. Nadie más. Así es como lo habría querido, sin más preocupación que la de que las espigas mueran, que el sol-luna se esconda, y que mi puño deje de sangrar.

De muros y rocas.

Te puedo decir que lo siento pero no lo entenderias. Te puedo escribir el poema mas bonito del mundo pero no te gustaria. Te puedo dar las gracias mil y una vez pero no las apreciarias. Te puedo mirar a los ojos pero no me consentirías. Te puedo prometer el mundo pero no te conformarias. Te puedo ser sincero pero no te acostumbrarias. Te puedo hablar cientos de veces pero no lo agradecerias. Te puedo construir el templo mas impresionante pero no lo mirarias. Te puedo componer la cancion mas triste pero no la escucharias. Te puedo hablar de los versos mas bonitos pero no los sentirias. Te puedo gritar pero no lloraras. Te puedo gastar una broma pero no reirias. Te puedo perder de vista pero no me seguirias. Te puedo mentir pero no me creerias. Te puedo ofrecer mi alma pero no la cuidarias. Te puedo entregar mi corazon pero no lo querrias. Te puedo querer pero no me aceptarias.

Es mi tortura, angustia, pena y lagrima, pero no las matara. Por que un muro no siente dolor. Y una roca no llora.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Perdidos.

-Levántate. ¿Me oyes? Levántate he dicho. Corre y mírate al espejo más cercano que tengas. ¿Qué ves? Ves miedo. Ves angustia y ves horror. El espejo te obliga a bajar la cabeza, y como apesadumbrada, haces lo que él te dice. Ves rabia. Ves odio. Acostumbras a mirar las cicatrices de tu piel como si fueran méritos, trofeos que en algún momento algo valieron. Ahora ya no valen nada. Y sientes pena, de tu brazo, de ti, del espejo incluso, sientes pena y lástima por el mundo en sí, por todo y por nada al mismo tiempo. Malditos espejos. Es cruel mirarlos y no mirarlos también. ¿Te gusta lo que ves? No, ¿verdad? ¿Crees que a alguien en su sano juicio le gustaría? Te equivocas si piensas que sí. Pero ay de la gente cuando se mira en frente de esos espejos trucados, como modelando su figura; se ven guapos, altos, delgados. Esa es la imagen que ellos quieren de sí mismos y no la de el espejo de su realidad, que al final y al cabo distorsiona su ilusión. Y quieres escapar, quieres buscar entre cientos de modelos tan solo un maldito espejo que sea el que refleja la ilusión de la realidad, de tú realidad, la que andas buscando desde que la arena empezó a caer por el fino tubo de vidrio del reloj. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque estoy pasando por lo mismo también, y lo entiendo, te entiendo, es comprensible, perfectamente comprensible y predecible. Así que si de tu boca ahora quiere salir una respuesta, la escucharé tan atentamente como mis oídos me permitan escuchar. Y si tu cabeza piensa algo, pensaré en lo mismo yo también, dentro de lo que cabe no somos tan distintos el uno del otro, lo entiendes, ¿no?

-... creo que te sigo un poco al menos. Déjame ver si te entendido, ¿insinúas como que nos parecemos? ¿dices que te gusto?

-Más aún.

-¿Me quieres?

-Exacto.

-¿Entonces, qué quieres que diga?

-Nada, no hay nada que diga más de ti que el silencio.

-Me he perdido.

-He ahí lo que te intentaba decir antes.

-¿Cómo?

-Yo también lo estoy.

martes, 28 de febrero de 2012

Sientes, piensas, escribes.

Me gusta fijarme en pequeños detalles, que resultan graciosos e interesantes si se les mira con detenimiento. Por ejemplo, son divertidas las colillas sin apagar en el suelo mojado, o cuando pasa por ejemplo un camión debajo de un puente, e intentas aproximar la medida del camión con la altura del puente comprobando si podrá o no pasar bajo él. Me gustan los pájaros, y fijarme en como cojen y sueltan las amiguitas de pan que los peatones arrojan al suelo como muestra de su desprecio por la comida o pensando en el futuro festín de un simple pájaro. Me entretiene describir paisajes, imágenes mentales que vienen y van a la cabeza como luces intermitentes en un semáforo en ámbar. Me gusta comparar las voces de los actores de doblaje de distintos personajes en series o películas, y  reírme de pensar la inusitada comparación entre uno u otro. Me entretiene memorizar cosas entre paréntesis, curiosidades o banalidades que a nadie más que a mí le interesaría memorizar, pero que resultarían interesantes para cualquier otra persona, como por ejemplo el título de la canción de Nirvana "Smells Like Teen Spirit" y su cómica comparación con el desodorante que usaba Kurt Cobain en su época de estudiante, Teen Spirit, sobre el cual una muchacha pintó en la pared "Kurt Smells Like Teen Spirit", y de ahí el nombre de la canción. Me divierto creando historias sobre la vestimenta de la gente, sacando conclusiones precipitadas sobre donde irán, mirando sus gestos, observándoles en detenidas situaciones como la manera de caminar después de permanecer en un semáforo, el tono de su voz cuando hablan por teléfono, o simplemente por como miran o caminan. Son tremendastrivialidades que apenas son interesantes para el resto del mundo, salvo a mí. Y son esas pequeñas cosas raras, distintas, las que nos convierten en únicos o exclusivos. Las manías de cada uno son las que crean la esencia de ser persona. Por eso vivimos, por nuestros pequeños hábitos, como sumar los números de las matrículas de los coches y ver si son divisibles entre dos, tres, cinco o siete. Pasear sin tocar las líneas rectas que separan los cuadros del mosaico de una acera. Contar estrellas, o saltar con la mirada árboles o farolas. Fruncir un ceño y luego el otro rápidamente para crear una simetría facial en tu cara, o arrancarte un pelo si se te ha caído otro. La gente es rara, la gente es distinta, la gente es exclusiva. La gente; es gente.

domingo, 26 de febrero de 2012

Momentos incómodos que pesan en la almohada.

Y se hizo el silencio. Aunque apenas duró un instante, apenas una décima de segundo hasta que ella habló pidiendo disculpas entre líneas por aquel atrevimiento. Pero él no la escuchaba. Él estaba absorto, como hipnotizado, enmarañado  o engatusado por el eco de sus palabras que resonaban en su cerebro como dos notas musicales perdidas poco a poco en un mar de silencios. Y él la miró a los ojos. Por primera vez no sabía qué hacer. Estaba nervioso, no se lo esperaba. La situación se le iba de las manos. La volvió a mirar. Lo mismo. Nada. No sabía qué hacer y se devanaba los sesos pensando la manera más adecuada de romper el inusitado silencio, pero nada se le ocurría, el sonido le distraía. La volvió a mirar, y como desesperado, la besó, como tratando de apagar con fuego el incendio de la flor de loto que ardía en su estómago. Ninguno de los dos cerró los ojos, tenían miedo, y querían saber como miraba cada uno. Acertaron. Y el beso duró o que fue necesario para ocultar la pesadez de la perturbadora presencia de las frases de ella. Pero pronto volvían a mirarse como antes. El beso fue efectivo. Al fin y al cabo, él se moría por dentro por confesarle a ella todas y cada una de las cosas que se guarda para sí. Es huraño y piensa que hay cosas que es mejor que nadie sepa. Ella lo sabe y espera impaciente a que algo se desarrolle, pero él es un cobarde. Al final, la presencia se fue disipando hasta permanecer casi marginada, sin vida. Pero cada vez que cerraban los ojos, no podían pensar en otra cosa que no fuera aquello de lo que ambos dos más miedo tenían.

sábado, 25 de febrero de 2012

El idioma del silencio.

Te lo podría decir todo. Podría empezar desde el principio, podría describir una mirada, un silencio, un punto y coma, un paréntesis. Podría empezar de cero explicándote y detallando todas y cada una de las palabras que dijiste. Podría contar tus pensamientos como los pestañeos de tus párpados. Podría sentir cada uno de tus latidos y señalar todas tus bocanadas de aire. Podría asimilar todas tus indirectas y decirte la verdad. Podría aprender cualquier cosa solo para impresionarte, o contarte cualquier historia para sacar una sonrisa. Podría contar todas tus sonrisas. Podría decirte lo que siento, en cualquier idioma, en cualquier situación, podría decirte lo que me guardo, en cualquier lugar, en cualquier momento. Podría decírtelo en chino, en francés, en japonés y en italiano, pero me gusta más como suena el idioma del silencio.

viernes, 24 de febrero de 2012

Puntos suspensivos

Date la vuelta, ¿ves algo fuera de lo normal? No, ¿verdad? Todo está tranquilo, perfectamente depositado en su sitio, de tal manera que cualquier cambio se notaría, y ya no seria un cambio sino otra cuidadosa deposición de restos herméticamente calculados para estar en su sitio y no en otro más. Te vas a volver a dar la vuelta pero ya no mirarás de la misma forma, no. Vas a buscar no lo que está ahí sino lo que ha cambiado y lo que no está. Piensa en eso; piensa en mil cosas más a la vez y te acercarás levemente a lo que es vivir como yo.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Latidos inconclusos que se pierden con el más leve roce.

Y aquí estás, aquí te encuentras. Tirado en la cama, buscando entre bocanadas de aire suelto un susurro en el vacío que te haga sentir como debería sentirse todo ser vivo, con vida. Mientras paseas tu mirada lentamente sobre el techo, amarillo del humo que desde hace tiempo invade la soledad del oxígeno apenas presenta ya, contando todas y cada una de las gotas del gotelé del techo que tanto odias, pero cuyo tacto rugoso admiras, frío, sentimental, lo tocas y observas pese a que como si de lija se tratara, te rasgara la piel poco a poco, pero te gusta esa sensación que tanto añoras. Y te haces daño del solo hecho de pensarlo, es una tarde cualquiera de recuerdos encerrados en baúles de diamante bajo tumbas de granito, porque como si se tratara de residuos nucleares, pese a creerlos extinguidos, afloran con la primavera, son flores al fin y al cabo, de cuyo número de pétalos caídos contando uno tras otro la estereotipada frase que los enamorados una vez inventaron para creer en la posibilidad de que aquello a lo que triste y enojadamente amor llamaban.
Te crees muerto, pero sorprendentemente respiras fuerte, una y otra vez porque tu corazón late deprisa. Tienes la sensación de que algo grande, algo importante va a suceder, pero te extraña ver que puedes pensar todavía impulsivamente, como si de algo que no fuera un robot se tratara. Recuerdas aquella melodía en sueños interpretada, y derramas una fina y triste lágrima de vidrio, que como si un escalofrío fuera, te recorre la mejilla de punta a punta, recordándote que al fin y al cabo eres una persona. Y dejas que la gota de agua perfumada con amargura de mil siglos encerrada en las cuencas de tus ojos vacías por el hundimiento de aquello en lo que no crees y a lo que con fe recurren otros, te escuece la cara porque al fin y al cabo esta hecha de ese ácido que tanto duele al recordar. Cierras los ojos. Los vuelves a abrir, y enrojecidos de las tempestades que desde el cielo lloran azufre, miran compasivos pidiendo clemencia a ellos mismos, cuyo sonido ruge a gloria y pena. Es lástima lo que sientes por ti mismo, tan hundido en la miseria como siempre, tratando de despejar con rostros sin luces y sombras sin vacío lo que antaño creías saludable y no dañino. Pero una más vez te equivocas, es un error que cometes nuevamente, pero que no se llama error, sino elección, de la que tanto miedo tienes.

Cierras los ojos, es miércoles. Miércoles de sangre, miércoles de lágrimas, miércoles de miedo.

martes, 21 de febrero de 2012

Cinco minutos de libertad en media tarde de locura.

Te sientes solo pero no importa. Te sientes triste pero ni tú mismo te das cuenta de como los muros se tornan cada vez más blanco oscuro, mientras se alejan ensanchando tu sensación de vacío y soledad. Te sientes pobre pero no te gusta sentirte rico. Te sientes común pero no quieres sentirte único. Te sientes malo, porque ser bueno es aburrido. Te sientes loco, pero la cordura no te apasiona. Te sientes apasionado, porque el raciocinio apenas te interesa. Te sientes libre, porque combatir contra cadenas que ni mil hombre pueden romper es tarea inútil para un solo hombre. Te sientes maldito pero eso es tan solo una consecuencia de ser tú mismo. Te sientes tú. Porque sentirte tú es sentirte solo, es sentirte y triste y sentirte pobre. Saber quien eres es una maldición, es una libertad, cuya condena es la misma libertad. Somos inútiles pero no nos importa, porque odiamos la utilidad de las personas. Somos ingenuos porque la inteligencia puede romper de todos modos las cadenas libres de la maldición del raciocinio. Somos humanos, porque no serlo nos preocupa, y serlo nos entretiene al menos divagando sobre nuestra condición. Somos cadáveres, porque la vida es demasiado rica, alegre y única. Somos cadáveres porque nos gusta el frío. Al fin y al cabo estoy enamorado de la madera de caoba de la tumba que me encierra, y me encanta el sonido de la tierra mojada y de la podredumbre de mi nicho.

jueves, 16 de febrero de 2012

El entramado de un sueño tejido al borde de la realidad, y números.

Un largo y grande vestido de cola cae suavemente deslizándose por la escalinata de un edificio antiguo que como si de un peso muerto se tratara, el vaivén del viento de una ventana abierta mece lentamente levantando algunas montañas sobre la blanca cola del vestido, que se elevan, parsimoniosas, melancólicas y tristes, mientras bajan peldaño a peldaño esperando mientras se divierten en su final maldito entre el plano del suelo de mármol que en infinitas casillas con forma de cuadriláteros se unen, formando un patrón geométrico casi perfecto de rombos cada vez más grandes hasta finalizar en una onda de numerosas circunferencias concéntricas de distinto tamaño donde espera en su centro un traje negro, sin apenas blanco entre las luces de la oscuridad que el traje desprende de sí mismo.

Y cuando el reloj marca las doce, la antítesis de colores, la una bajando despacio, apoyando suavemente su mano de porcelana sobre la fría barandilla que escribe sin pluma los versos de estos dramatis personae, y el otro marcando con el tacón de su fino, liso y perfumado zapato en acuerdo al color oscuro de su traje de eclipse, el ritmo de una nana mientras silba su respectiva melodía perfectamente acompasado con la métrica del zapato antes mencionado, se funden en una figura inquietante y misteriosa, que asombraría a la luna, que miraba con ojos tristes el inusitado espectáculo que en el oscuro y viejo salón de la mansión se estaba dando.

Mientras la nube de arco-irirs que se forma con el vaivén de la nana de cuna y el baile que los dos anómalos personajes realizaban, se hipnotizaban,era a la par que curioso, increíble. Primero el hombre, o eso daba a entender la esbelta figura del traje negro, límpido, alto y oscuro, cuyo rostro se encontraba difuminado por las sombras del recoveco que habían buscado para tan inusual baile, daba un paso hacia delante, siendo este el primer movimiento de la perfecta cadencia que sincronizaban los dos individuos, para responderle la mujer, que parecía un fantasma entre las sedas de pergamino que le cubrían la cara, creando un cúmulo de brillo blanco y luz en su cara, sin dejar entrever ningún gesto, ningún rostro, nada, con otro amenazante paso como el que el supuesto hombre dio anteriormente. Y no tardó en esperarse la respuesta ante tan inusitado silencio sin melodía, donde se oye el siniestro sonido del eco de las pisadas creadas, con esta vez dos pasos seguidos, cada uno con un pie distinto, empujando a la mujer casi a recrear un cuadro al pegarse apenas a centímetros con la pared de granito bien pulido que encerraba las paredes. Pero la disputa no quedó ahí, e inmediatamente y como si de un animal se tratara, la mujer dio tres pasos hacia delante, empujando al hombre contra la pared, que parecía más grande, pues no había alcanzado a llegar al muro, si no que esta estaba a otros escasos mínimos centímetros.

Y el hombre respondió con cinco contundentes pasos, creciendo ante la inconmensurabilidad de la sala, que parecía infinita, o cambiante al menos, ya que la mujer volvió a quedar rozando la pared de granito que parecía no inmutarse. Y el baile continuó, mientras la habitación se agrandaba más y más, hasta alcanzar el universo, y el número de pasos aumentó con ellos, ocho, trece, veintiuno, treinta y cuatro, cincuenta y cinco, ochenta y nueve, ciento cuarenta y cuatro, dos cientos treinta y tres, trescientos setenta y siete... llegó un momento en el que los sujetos eran incapaces de dar más pasos solo por el hecho de que una vida humana requeriría alcanzar el número de pasos que necesitaban darse como respuesta. La habitación flotaba, en una nube de tonos púrpuras, morados y naranjas, dejando entrever algún tipo de polvo que mantenía flotando la sala, ya infinita, en la que apenas se distinguían dos puntos en la magnificente habitación que pudieran ser los dos bailarines del encantado y matemático baile de salón.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Entre baúles de mármoles y arenas de cristales de botellas vacías.

Ha vuelto. No tiene por qué ser malo, no, pero estoy asustado, ya que tampoco puede ser bueno. Ha vuelto, en uno de los no mejores momentos, podría haber tardado, podría no haber llegado nunca, pero aquí está, de nuevo, mirándome con los mismos ojos que me miraba antaño. Ha vuelto, y no puedo apartar la mirada de sus ojos, tan limpio y cristalinos que mi cara de temor se puede ver reflejada en ellos. Ha vuelto, y me espera a que siga su señal, marcándome el camino y obligándome a mi mismo a vivir regido por sus leyes de nunca-más-volveré-a-ser-el-mismo. Es otra vez él, ha vuelto, del cual ya apenas me acordaba, pero lo reconozco como si ayer mismo hubiera compartido tantas cosas con él como con nadie había compartido nunca. Ha vuelto, de entre los más recónditos rincones y más oscuras tinieblas, de mis carcomidos baúles y de las cadenas que le retenían en el mismísimo rincón perdido de mi memoria. Yacía medio muerto en una esquina tirado, junto con otros males y pesadillas que encerré con llave, la cual tiré al fondo de la fosa más profunda, porque ni interés no era recuperarla de nuevo. Ha vuelto, en forma de luz, en forma de tranquilidad y de alegría. Es su forma, eso no me alarma. Y me tiende la mano, la cual, pese a todo, no puedo evitar sino cogerla de nuevo y sentir su tacto frío y gélido, como si de una estalagmita de hielo me estuviera agarrando. Y tirando de mí con la fuerza descomunal que solo él puede realizar, me sumerge en la fosa, donde a duras penas aguanto la respiración, pues me mareo por la presión y la profundidad, estoy morado, y me obliga a buscar la llave para abrir el arca perdida donde su esencia vital se haya encerrada. Parece que falleceré de un momento a otro, pues llevo muriendo desde que le ví por primera vez, pero es distinto, esta vez parece cambiar. De repente, y sin motivo alguno, ese fantasma que ilumina las ennegrecidas aguas donde el Sol no llega a iluminar, me abraza, como si de alguna especia de pulpo se tratara; y el morado desaparece de mi cara porque puedo respirar, y me tranquilizo, aunque la tranquilidad de ese momento es la que me hace sentir más angustiado y atrapado que nunca. Ha vuelto, como nunca antes había regresado, y ahora mismo soy preso de sus decisiones y de sus gustos e intereses. Ha vuelto, y con él, yo me he ido, para siempre, a encerrarme en el baúl que yo mismo dejé escondido bajo la inmensidad del océano. Ha vuelto a acabar conmigo para siempre, y le he dejado ganar el punto decisivo de nuestra batalla. Ha vuelto, he vuelto, y con mi regreso, me voy para siempre, este es el final de un triste antihéroe que busca entre las miles de llaves de miles de baúles que enterró, la que abra lo que acabará con él. Es el final, porque ha vuelto, ha vuelto, y yo acabo de morir.

sábado, 11 de febrero de 2012

Diamond blankets

¿Qué puede bajo una sábana? Tal vez simplemente una almohada, un cojín, o nada, solo el frío tacto del colchón. Puede haber gente, puede haber piel, o puede haber aire. Puede haber polvo o incluso basura; al fin y al cabo siempre hay basura. Debajo de una sábana puede haber lágrimas, puede haber risas. A lo mejor hay incluso sangre, vómito, pero al fin y al cabo siempre hay lágrimas, siempre hay basura.
¿Qué puede haber bajo una sábana? Puede existir amor, e incluso fuego, o ¿por qué no? Se puede encontrar fuego y amor a la vez. Es posible encontrar ojos, ojos que miran, ojos que se cierran; pero al fin y al cabo son ojos, nada más. Es posible ver miradas que se cruzan, que se pierden, que se vuelven a encontrar para volverse a perder de nuevo, como el paso de dos zapatillas mientras unas piernas crean el vaivén y desenlazan la armonía del nudo de los cordones de las zapatillas. Bajo una sábana puede haber dolor, puede haber pena, pero sobre todo dolor, siempre hay dolor. Bajo una sábana claro que puedes encontrar amor, pero solo si los ojos que bajo la sábana se encuentran se cierran, para no volver a abrirse nunca más. Bajo una sábana puede haber de todo, puede haber odio, puede haber nostalgia, pena, ilusión, sueño, esperanza, traición, inseguridad y desesperación. Bajo una sábana hay lástima, asco, muerte y pasión. Desdén y prepotencia, tendencia al absurdo y vuelta a la desesperación para empezar el ciclo de nuevo. Bajo una sábana hay de todo, de todo menos algo, que se pierde por encima del horizonte que mis ojos que miran no alcanzan a ver tras el translúcido papel-membrana de la sábana que me encarcela, pero alcanzo a ver la silueta durante las noches largas que pese a que me pueden, me salvan, me salva. La silueta que de perfil me mira con sus enormes ojos cuyo color me ciega y no alcanzo a discernir entre la ya opaca y oscura pared de ladrillo de mi sábana, me ayuda o dormir, me ayuda a soñar, me ayuda a desesperar.

Podría describir la sensación que vagamente intento describir, pero me da miedo la idea de perderla para siempre si hablo de ella, si hablo de ella. Nunca he flotado, soy una persona regida por la gravedad. Pero bajo esas sábanas de mármol que parece acero puedo alcanzar a romper las leyes que me regían antaño. Y floto, floto como nunca jamás había flotado jamás, y vuelo alto, porque no me preocupa caer en absoluto. Todo está oscuro, pero tampoco me preocupa, estoy volando, y al fin y al cabo solo estoy bajo una sábana de granito. Y en la oscuridad en la cual vuelo y floto, sin rumbo fijo, doy vueltas, o giro sobre mi mismo, sobre la silueta, que ahora parece ser una pequeña luz en la distancia, inalcanzable, una cárcel inexpugnable cuya llave se encuentra fuera de las sábanas de diamante, que crean ya un universo infinito sobre mis ojos. Y veo estrellas, veo galaxias, lo veo todo. Pero entre todo ello, solo una luz parece brillar más ante mis ojos, que brillan como el Sol ahora, porque tengo miedo, el corazón me palpita y creo morir poco a poco de los nervios que adoptan esa forma tan sádica cuando son nocivos. Y caigo, a un pozo oscuro, más allá de la sábana de diamante que me cubre, donde no alcanzo a ver la luz nunca más.