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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

lunes, 30 de enero de 2012

Cansancio

-Cansancio. Y no es una broma, estoy cansado de cansarme tan rápido; vale, es bonito, me gusta vivir rápido, pero esto es demasiado, ¿no crees?

-No tiene por qué ser malo, ni aburrido. Tómatelo con calma. Piensa, recapacita y espera, sobre todo espera. Las cosas de verdad no se consiguen ni fabrican de la noche a la mañana. Roma no se construyó en una noche.

-Sí lo sé, pero hoy en día las cosas...

-¿Las cosas qué? ¿Que las cosas han cambiado? ¡Claro que cambian! ¿Ves esa pequeña hormiga que camina como parece ser triste por la tierra? ¿La ves? Está cambiando en este mismo instante. Todo cambia, tú estás cambiando y yo estoy cambiando; ¿por qué? Porque el tiempo cambia. Y así fue como "algo" nos dio un tiempo de vida para cambiar, para ser distintos, para aprender y para esperar. Es tiempo, querido amigo, solo tiempo y nada más.

Tiempo

Siento el frío que me angustia cuando caigo preso, tal vez por la lluvia o tal vez la lluvia siente el frío de mi cárcel, oscura, tenebrosa y fría, muy fría. Aún añoro la presencia del calor fluyendo por mis venas cuando muero cada noche y caigo inmerso en mis sueños barra pesadillas de mentiras e ilusiones, de miedo y alegrías, de sueños.
Quiero vivir sin mirar atrás y liberarme de las cadenas que oprimen mi corazón con el peso de mil estrellas barra aviones que no veo. Me atacan de espaldas, con los ojos cerrados, con una venda opaca tapando mi vista. Estoy ciego, y mi alma y espíritu tratan de liberarse de mi cuerpo barra cárcel. Cada músculo es un barrote de la celda en la que me emprisiono y me derrito, preso del frío barra calor y de mi cabeza barra bomba de relojería, cuyo "tic-tac" me desquicia.
Soy el tiempo que corre en mi contra, contra mí, contra todos, contra ninguno.

El tiempo. Mi fugaz enemigo. Un Lex Luthor que se esconde entre las sombras barra luces de mi tiniebla. Y es la mística neblina que enturbia mi visión propiciada por la venda que la muerte sabiamente ha colocado sobre mi Gran Hermano. El Final, o como se hace llegar, espera fríamente mi llegada con una cinta de las que rompen los corredores sin pensar siquiera lo que ha costado fabricarla, para después cortarla en dos pedazos. Nadie se fija en eso. Yo ahora tampoco. No veo pájaros, veo cuervos, al igual que no veo cielos, veo barreras inalcanzables. No veo gente, veo pájaros, y no veo sus ojos, veo cielos.
Veo problemas en vez de soluciones y letras en vez de poemas. Veo frío en vez de invierno y calor en vez de verano. Veo todo en vez de nada y veo muerte en vez de vida. Veo miedo en vez de seguridad y tristeza en vez de alegría. Pero hace tiempo que estoy ciego.

sábado, 28 de enero de 2012

Tenesse y su cactus anárquico de colores de celofán

De repente, una anarquía de colores invade tu cactus de fantasías, y el humilde sarampión que mancha tus mares de celofán y nubes de papel maché. Y te levantas caminando aires de compuertas de vidrio vacío, mientras en tu cactus las espinas de hilo que picaban antes no pican ahora, en el futuro.

Y la anarquía va desapareciendo ante el irremediable bastión humano de cactus espinas-de-hilo que pueden con todo lo que sus no ojos ven. Alzándose con el poder de la ciudad nube de papel maché en una tormenta en ciernes que aproxima a derretir el ejército de pequeños muñecos de nieve malvados de la nueva cactus ciudad de anarquía maché de papeles de vidrio surcando celofanes de sarampión en mares de colores y fantasías de hilo que pican en el futuro, vacío.

Pero el humano de la picadura de hilo y el cactus de anarquía de poder en nubes de celofanes con sarampión, se levanta surcando vidrios humildes de colores fantásticos y mares muñecos-espina en la corte del surtido de compuertas de invasiones futuristas que derriten los ojos que no ven el pequeño ejército que desaparece entre la malvada ciudad de nieve.

Y mientras el sol de nieve que sale entre cactus de sangre y compuertas de vidrio agujereadas por las picaduras del sarampión en invierno irremediablemente humanean por ciudades-corte-machés de "ojos que no ven corazón que no siente" para morir en ciernes ante la tormenta de ranas amarillas que amenazan con romper la heterótónica armonía de gauges culturo-médico-festivo de madrigalentes que inteligiblemente pasean por un pauseormonal de "a quien madruga Dios le ayuda".

Tenesse siempre quiso un cactus-cultivo-nubes de papel maché, pero en un "pagan justos por pecadores", sus padres muñecos de nieve le regalaron el vidrio que siempre quiso entre parsivalentes opciones de catálogos sin estrenar, que se amontonaban en el resquejinete de revesitas gratis de "a caballo regalado no le mires el diente".

Anónimo Inquietante


Tienen gracia el cielo que hoy es blanco. Tienen gracia los pájaros que revolotean sobre el techo que revolotea sobre mi cabeza. Tiene gracia el calor de una habitación en invierno. Tiene gracia la gente que sonríe. Tiene gracia la gente que llora. Tiene gracia el viento. Tienen gracia las hojas. Tienen gracia los aviones que pretenden ser estrellas. Tiene gracia el tiempo. Tiene gracia la vida y la muerte. Tiene gracia la risa. Tiene gracia el amor. Tiene gracia la lucha. Tienen gracia los ideales que una vez defendimos y perdimos por combatir contra nosotros mismos.
Tiene gracia el mundo. Tiene gracia la moral y la libertad. Tienen gracia los prisioneros. Tienen gracias las flores que en breves semanas desprenderán el dulce polen que enamora a las narices de los alérgicos. Tienen gracia las letras y los números. Tiene gracia la lluvia. Tiene gracia la nieve.
Tiene gracia el mundo.

sábado, 21 de enero de 2012

Punto y seguido

Una gota, que se desliza suavemente por el cristal de un vehículo, esquivando como puede los golpes del parabrisas que amenazan con quitarle la vida. Aunque a ella no le importa, sabe que ellas son más y que tarde o temprano llegarán a cruzar el otro lado del cristal. En la corte-cultivo de gotas, ella es una gota superior.

Se crea una especie de recreación de la batalla de Stalingrado, las gotas mueren una a una, sufriendo, torturadas por la maquinaria alemana del parabrisas del Mercedes del ochenta y siete que surca las carreteras de una ciudad que poco tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial, perdiendo sus vidas sin sentido aparente, y apareciendo y reapareciendo al otro lado del cristal.

En la corte-cultivo de gotas, las familias tienen miedo, y las mujeres se despiden de sus maridos que van a la guerra con una lágrima (qué irónico, ¿verdad?). Los hijos no entienden que sucede, y al poco tiempo las cartas en forma de polvo llegan a las nubes, donde lloran por la pérdida de los más bravos soldados de la corte-cultivo de gotas.

Pero la naturaleza parece ponerse a favor del numeroso pero diminuto ejército de monóxido de hidrógeno, y los rayos caen y el viento sopla, nieva, rugen los tornados y los huracanes, los aliados contra el eje parecen poner todo su empeño en derribar la poderosa fuerza del coche alemán.
Es una batalla dura, las gotas corren por el cristal para caer, entrelazándose, volviendo a separarse y cruzándose de nuevo otra vez para evitar la carga de no solo ahora los parabrisas, giros del vehículo que parece derrapar por la carretera ahora empapada ponen a nuestros soldados en un grave apuro, pero aparece un héroe, una gota salvaje, la gota reina de la corte-cultivo de gotas, que se yergue entre todas con su fulminante marcha y su paso sin meditaciones previas, y llega, como llego Edmund Hillary exhausto al Everest, como llega el corredor de una maratón, casi muerto, y se cuela en el Reichstag del automóvil, colapsando las máquinas y dejando la entrada a sus compañeras. Todas juntas inundan el motor y acaban con el coche. Es una batalla dura. Se oyen los rugidos ahogados de los alemanes y la rabia en forma de golpecitos en los cristales de las gotas. Es David contra Goliat, pero esta vez hay miles de David. El Reichstag se incendia, todo se acaba. La corte-cultivo de gotas ha ganado la guerra, han acabado con todo. Solo humo.

miércoles, 18 de enero de 2012

Ironía

"Ironía es que ahora mismo te estás riendo del título de esta entrada. Ironía es que te estás enterando de algo de lo que estoy escribiendo. Ironía es que te has preguntado lo que es ironía. Ironía es que no te están entrando ganas de pegarme. Ironía es que me amas. Ironía es que no me amo. Ironía es decir que sería bonito verte desnuda. Ironía es que la afirmación anterior no es falsa. Ironía es decir que no te has parado a ver si he entrado en contradicción en la frase anterior. Ironía es ver que me he equivocado. Ironía es saber perfectamente lo que es la ironía porque no has vuelto a mirar la frase. Ironía es que no soy perfecto. Ironía es que no soy un ególatra. Ironía.... ironía eres tú. Pero ante todo, ironía sois todos, porque lo que no es irónico es perfecto, y lo que no es perfecto no es irónico, eso es irónico al igual que no es irónico que sea irónico. Ironía es que algo de esto no es verdad. Ironía es ironía, ironía y nada más."

domingo, 15 de enero de 2012

168



No sabía cuánto tardaría. Desde la melancólica melodía de un compositor impresionista ya olvidado, desvanecido, se yerguen las misteriosas sombras que a la soledad y oscuridad acechan, perpetuas, sempiternas, tocándose y separándose, como dos enamorados bailando una danza de salón un tanto arcaica. Son sombras que se juntan y se atan para hacerse más grandes en el confín de la esquina de una lúgubre habitación, casi infinita. Son pesadillas que amenazan y te apuntan con el cañón de una pistola cargada, y es como si me gustara el sabor del metal en mis labios. Son recuerdos obsoletos que te ahorcan con su leve memoria, y es como si me gustara el tacto de la soga en mi cuello.

Se desvanecen para aparecer más enormes y más negras todavía; y en el blanco de mis ojos se puede ver reflejada la cara del horror en las bocas de esos tenebrosos delirios de madrugada. Es enero todavía, y puedo oler las marchitas flores mustias quemadas por la ceniza en el balcón de mi terraza, esperando la primavera que acecha pero nunca aparece de momento en un menos cuarenta y cinco de marzo de enero.
Y en mis secos labios desciende un lágrima de lluvia, el cielo lloraba esta tarde. Y la gota caía de mis cielos por mis mejillas, silbando veloz por la lentitud de su paso, dejando llagas a piel viva y heridas sin cerrar, bajando con un cosquilleo inmortal en mi cara y en mi rostro, que refleja pena y ansia todavía por el recuerdo de aquello que creía olvidado, revivido hoy, con ciento sesenta y ocho lágrimas caídas, por ciento sesenta y ocho imágenes suyas.

sábado, 14 de enero de 2012

Enero

Y aquella mañana del catorce de enero de un dos mil doce, fría, gélida, tenebrosa, se erguían las nubes que peligrosas acechaban negras de lluvia como las que más, un ciclón y un huracán fundidos en un beso, amenazaban a nosotros los humanos con su hiriente sombra.

Y nevó.

Y siguió nevando copos blancos y afilados, y perfilados en su forma fractal, casi perfecta, por no decir perfecta. No podías evitar dejar la boca abierta para sacar la lengua y sentir el frío y la pureza de la nieve, que renueva caída desde cientos de metros desde el cielo.
Y siguió nevando y el blanco cubrió las calles, pálidas ahora. Y los coches no se veían y las calles estaban blancas, y un singular peatón cruza lo que parece ser un paso de cebra al que le falta el negro. Un semáforo en verde parpadea lo que parece ser la luz entre una fina capa de hielo que cubre la pantalla.
La gente no camina. Está aguardando lo que viene encima desde el cálido perfume de su salón. Mientras una persona pasa frío, y muere lentamente, fundiéndose mientras el frío derrite sus miembros, estáticos ahora. Es invierno, es invierno todavía.
Y ya no hay más sombras y no hay más nada, solo blanco, luz que no refleja nunca más, es solo blanco, blanco y nada más.

viernes, 13 de enero de 2012

Como un engaño

Podría pasar horas tratando de describir la armonía del desorden de mi habitación. Podría estar años y años contando segundos, contándolo todo. Es entonces cuando cualquiera se da cuenta de que nada es como lo pintan. Y en este lienzo, bajo la pintura, se esconde el balbuceante boceto que huye mientras las pinceladas cubren de rojo su inseguridad.
Es triste pero es cierto, ver que nada es nada y que todo es nada. Y a cualquiera esto le importa como a cualquiera. Podría pasar mi vida entera escribiendo palabras que ni yo creo conocer del todo su significado.  Puedo vivir pero no puedo sentir. Y se me pudren los huesos y lo que no son los huesos esperándola, porque me prometió que volvería, entre frágiles velos cubriendo su tímido rostro porque no le gusta que la luz del sol le ciegue sus leves ojos claros. No le gusta la música porque ella es la música, y no le gusta el mundo porque ella es el mundo. Ella no entiende de problemas porque ella es los problemas, y las soluciones. Ella lo es todo, ella lo es todo.

Es la luz y las tinieblas que me acosan en mis sueños cuando duermo. Es la armonía que sostiene el cuidadoso ritmo de los cordones de mis zapatos cuando camino. Es la calma y es la ansiedad, es el odio y es el odio, es la puerta que se cierra cuando una ventana se abre, es el silencio y es el ruido, el rostro y lo invisible, lo duro y lo frágil, lo bello y lo bello.

Y como dos enamorados que caminan, uno finge y el otro es fingido, ella sigue su rutina diaria, mientras yo me muerdo las uñas rezando por cruzármela y poder decir un simple "hola".

Porque quiero verla más que en mi imaginación, y porque quiero quererla más que en mis sueños.

jueves, 12 de enero de 2012

Un mundo salvaje

Puedo sentir el polvo en mi mirada. Un frío azul que refleja la realidad ante mis ojos. Y no me gusta lo que veo, estoy cansado ya de estar casado con mi rutina, que me mata lentamente con aburrimiento. Quiero salir a la calle y sentirme una de esas personas que se hacen llamar felices. Quiero bailar bajo la lluvia y reírme del mal tiempo que en las tinieblas de mi mente hace ahora. Quiero ser libre y romper estas cadenas que me aprisionan en mi corazón. Quiero soñar con alguien que no sea ella todas las noches, porque echo de menos las noches. Quiero reír al emocionarme por una película o por un buen libro. Quiero gritar y quiero soltar la impotencia que llevo dentro, y quiero llorar sin derramar una sola lágrima más. Quiero dormir y quiero bailar, quiero tocar, quiero sentir, quiero jugar, quiero vivir.

Una vez pensé en cómo sería mi vida sin ella, sin ello y sin nadie, solo yo. Una vez soñé con eso, con nada y con todo. Buscamos la belleza en lo complejo y en lo rebuscado, pero nos olvidamos de lo que es nada, que lo es todo, como para mi lo es nadie y lo es nada. La belleza está en las cosas sencillas, en las cosas simples, pero eso de nada sirve ahora.

Cada poco morimos una vez más al poner un ladrillo por cada golpe que nos da el mundo, porque al fina y al cabo, vivimos en un mundo de perros, en un mundo salvaje.

miércoles, 11 de enero de 2012

El arte del otro

Una tarde anodina, sentado ante el ordenador, buscando entre palabras arcaicas una respuesta a preguntas que me corroen y cuyo significado desconozco. No quiero nada y lo quiero todo, pero mientras busco y no encuentro me canso y me descanso, confío y desconfío, al fin y al cabo es invierno todavía. Esa estación tan agradable por su frío, que acaricia sus mejillas con dulzura, aunque ni ella ni nosotros lo aprecie jamás. Ese calor que desprende el frío al pasear entre nubes de ceniza una carretera que se esconde, y que solo queda iluminada por el tenue brillo de una lámpara de neón de algún garito. Mientras en tu cabeza la misma melodía de jazz suena incansable en su apenas predecible ritmo, te cansas de respirar bocanadas de gélido veneno, que mata tus pulmones poco a poco.
Esa sensación de morir viviendo y vivir muerto, mientras en otro lugar, otra persona no piensa en ti, piensa en otro. Y se que llego tarde y que no es mi momento, pero lo siento, pues el moribundo otro que se esconde entre palabras sin sentido esta ausente en este momento buscándote por mares y océanos, montañas y desiertos. Porque solo los libros reflejan lo que siento, lo imposible. El amor es como un cuento de miedo, un thriller policíaco en el que tu corazón es un arma estando en las manos equivocadas. Y en el silencio, la melodía no suena nunca más, solo un suspiro, que dedicas al que ahí arriba te intenta hacer caer en las tumbas de los que cayeron en su día. Pero no me canso, solo sigo, como la música que en mí antes sonaba, y que hacía iluminar lo que me gusta llamar todavía pesadilla y no muerte.

Quiero cambiar de zapatos y vestirme de blanco, como la nieve que ansío ver y que no aparece. Que limpie lo que era antes y lo que era antes. Dos nuevas almas que se sumerjan en el más y único leve roce, que las mantenga fuera del alcance del onirismo y nos zambulla en las orillas de la realidad.
Así, este joven rey Liar se desvanece mientras susurra los últimos versos de su poesía callejera, ya olvidada, y que no refleja a nadie, salvo a otro, nunca más. Es es el arte de los que enamoran, y la desgracia de los enamorados.

lunes, 9 de enero de 2012

Poesía callejera.

Y aquí estoy, sentado, contemplando un folio que ni siquiera está lleno todavía de letras, semi blanco, esperando lo que sea, un simple "hola, qué tal te ha ido el día", esperando una conversación, por trivial que sea. Porque hecho de menos algo así, créeme que realmente lo hecho de menos.
Pero ella ni se dará cuenta de que lo que escribo trata de ella, porque al fin y al cabo ella está casada con sus sentimientos, y yo me considero un cerdo por escribir esto mientras ahogo mi pena buscándome a mi mismo entre mares de ginebra y ceniza.

Y el tiempo pasa y la brisa corre suave pero fría ahora. Es un terremoto, una ventisca y un huracán el dolor peregrino y la impotencia que llevo dentro y que no puedo sacar. Me equivoqué de persona, me equivoqué de todo.

Al menos me doy cuenta de que algo estoy aprendiendo, porque me veo a mi mismo saliendo adelante tras problemas pasajeros, que me ocultan detrás de una cortina de terciopelo. Ansío un descanso de pergamino que me otorgue el descansar que tanto apreciaría si lo tuviera. Un minuto para respirar y continuar en esta maratón que corro en una cinta infinita. Ahora solo quiero que llegue la noche y que me arrope en su oscuro manto que luce cuando yo la miro, y pensar en ella y soñar con ella. Aunque este sea el último mal que ella me causa, y este sea el último verso que yo le escribo.

Humanos, solo eso, humanos.

¿Qué es un día? Veinticuatro horas, mil cuatrocientos cuarenta y cuatro minutos, u ochenta y seis mil cuatrocientos segundos. Tiempo suficiente para hacer de cada día un día distinto, un día nuevo o un día especial. Y suena difícil de creer o duro de llevar. Cada cual tiene su pasado, su presente y su futuro, cada uno tiene sus problemas y sus inquietudes, sus miedos e inseguridades. Pero no merece la pena pasar ni un segundo más de vida pensando en cómo avivar la llama de cada uno, si lo que necesitas es más fuego.
Y suena un tanto hipócrita por mi parte decir esto mientras gasto aproximadamente veinticuatro segundos por cada punto y seguido. En una hora son ciento cincuenta puntos y seguidos, algo más de tres mil seiscientos por día.

Y es que no hay consuelo ya para un alma mortecina, que susurra triste el lento pesar de su cuerpo mientras camina y oye el rugir de los segundos a su espalda. El tic tac de una bomba llegando a su cuenta atrás; y mataría ahora mismo por cualquiera que tuviera tiempo para revivir el mío, y darle fuego a la llama de una vida que se apaga, en la oscuridad de una habitación encerrada en el humo de un cigarro mal apagado, a las dos y dieciocho de la mañana.

¿Qué se puede conservar de nosotros mismos? Apenas quedará más que el moho de nuestros restos en las tumbas. Y lo poco que podemos ser capaces de conservar, y de revivir es nuestro espíritu, nuestra consciencia. Un concepto un poco arcaico para alguien ateo pese a las vicisitudes del destino. Ví en una película un tanto infravalorada, revivida ahora, que apenas todo lo importante, lo que realmente nos marca, se puede conservar en tan solo una pulgada de papel. Una pulgada, la que nos hace únicos, diferentes, y humanos. Algo más que el tamaño de un dedo gordo del pie es todo lo que guardaremos con nosotros en nuestro final.

Y aquí termina más o menos todo esto, con una pulgada que será lo que ocupe. Mientras busco encontrar un camino hacia mi fuego, o perderme con el peso muerto de mi vela por el que ya he encontrado.