Datos personales

Mi foto
Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

miércoles, 11 de enero de 2012

El arte del otro

Una tarde anodina, sentado ante el ordenador, buscando entre palabras arcaicas una respuesta a preguntas que me corroen y cuyo significado desconozco. No quiero nada y lo quiero todo, pero mientras busco y no encuentro me canso y me descanso, confío y desconfío, al fin y al cabo es invierno todavía. Esa estación tan agradable por su frío, que acaricia sus mejillas con dulzura, aunque ni ella ni nosotros lo aprecie jamás. Ese calor que desprende el frío al pasear entre nubes de ceniza una carretera que se esconde, y que solo queda iluminada por el tenue brillo de una lámpara de neón de algún garito. Mientras en tu cabeza la misma melodía de jazz suena incansable en su apenas predecible ritmo, te cansas de respirar bocanadas de gélido veneno, que mata tus pulmones poco a poco.
Esa sensación de morir viviendo y vivir muerto, mientras en otro lugar, otra persona no piensa en ti, piensa en otro. Y se que llego tarde y que no es mi momento, pero lo siento, pues el moribundo otro que se esconde entre palabras sin sentido esta ausente en este momento buscándote por mares y océanos, montañas y desiertos. Porque solo los libros reflejan lo que siento, lo imposible. El amor es como un cuento de miedo, un thriller policíaco en el que tu corazón es un arma estando en las manos equivocadas. Y en el silencio, la melodía no suena nunca más, solo un suspiro, que dedicas al que ahí arriba te intenta hacer caer en las tumbas de los que cayeron en su día. Pero no me canso, solo sigo, como la música que en mí antes sonaba, y que hacía iluminar lo que me gusta llamar todavía pesadilla y no muerte.

Quiero cambiar de zapatos y vestirme de blanco, como la nieve que ansío ver y que no aparece. Que limpie lo que era antes y lo que era antes. Dos nuevas almas que se sumerjan en el más y único leve roce, que las mantenga fuera del alcance del onirismo y nos zambulla en las orillas de la realidad.
Así, este joven rey Liar se desvanece mientras susurra los últimos versos de su poesía callejera, ya olvidada, y que no refleja a nadie, salvo a otro, nunca más. Es es el arte de los que enamoran, y la desgracia de los enamorados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Retrátame