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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Perdidos.

-Levántate. ¿Me oyes? Levántate he dicho. Corre y mírate al espejo más cercano que tengas. ¿Qué ves? Ves miedo. Ves angustia y ves horror. El espejo te obliga a bajar la cabeza, y como apesadumbrada, haces lo que él te dice. Ves rabia. Ves odio. Acostumbras a mirar las cicatrices de tu piel como si fueran méritos, trofeos que en algún momento algo valieron. Ahora ya no valen nada. Y sientes pena, de tu brazo, de ti, del espejo incluso, sientes pena y lástima por el mundo en sí, por todo y por nada al mismo tiempo. Malditos espejos. Es cruel mirarlos y no mirarlos también. ¿Te gusta lo que ves? No, ¿verdad? ¿Crees que a alguien en su sano juicio le gustaría? Te equivocas si piensas que sí. Pero ay de la gente cuando se mira en frente de esos espejos trucados, como modelando su figura; se ven guapos, altos, delgados. Esa es la imagen que ellos quieren de sí mismos y no la de el espejo de su realidad, que al final y al cabo distorsiona su ilusión. Y quieres escapar, quieres buscar entre cientos de modelos tan solo un maldito espejo que sea el que refleja la ilusión de la realidad, de tú realidad, la que andas buscando desde que la arena empezó a caer por el fino tubo de vidrio del reloj. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque estoy pasando por lo mismo también, y lo entiendo, te entiendo, es comprensible, perfectamente comprensible y predecible. Así que si de tu boca ahora quiere salir una respuesta, la escucharé tan atentamente como mis oídos me permitan escuchar. Y si tu cabeza piensa algo, pensaré en lo mismo yo también, dentro de lo que cabe no somos tan distintos el uno del otro, lo entiendes, ¿no?

-... creo que te sigo un poco al menos. Déjame ver si te entendido, ¿insinúas como que nos parecemos? ¿dices que te gusto?

-Más aún.

-¿Me quieres?

-Exacto.

-¿Entonces, qué quieres que diga?

-Nada, no hay nada que diga más de ti que el silencio.

-Me he perdido.

-He ahí lo que te intentaba decir antes.

-¿Cómo?

-Yo también lo estoy.

martes, 28 de febrero de 2012

Sientes, piensas, escribes.

Me gusta fijarme en pequeños detalles, que resultan graciosos e interesantes si se les mira con detenimiento. Por ejemplo, son divertidas las colillas sin apagar en el suelo mojado, o cuando pasa por ejemplo un camión debajo de un puente, e intentas aproximar la medida del camión con la altura del puente comprobando si podrá o no pasar bajo él. Me gustan los pájaros, y fijarme en como cojen y sueltan las amiguitas de pan que los peatones arrojan al suelo como muestra de su desprecio por la comida o pensando en el futuro festín de un simple pájaro. Me entretiene describir paisajes, imágenes mentales que vienen y van a la cabeza como luces intermitentes en un semáforo en ámbar. Me gusta comparar las voces de los actores de doblaje de distintos personajes en series o películas, y  reírme de pensar la inusitada comparación entre uno u otro. Me entretiene memorizar cosas entre paréntesis, curiosidades o banalidades que a nadie más que a mí le interesaría memorizar, pero que resultarían interesantes para cualquier otra persona, como por ejemplo el título de la canción de Nirvana "Smells Like Teen Spirit" y su cómica comparación con el desodorante que usaba Kurt Cobain en su época de estudiante, Teen Spirit, sobre el cual una muchacha pintó en la pared "Kurt Smells Like Teen Spirit", y de ahí el nombre de la canción. Me divierto creando historias sobre la vestimenta de la gente, sacando conclusiones precipitadas sobre donde irán, mirando sus gestos, observándoles en detenidas situaciones como la manera de caminar después de permanecer en un semáforo, el tono de su voz cuando hablan por teléfono, o simplemente por como miran o caminan. Son tremendastrivialidades que apenas son interesantes para el resto del mundo, salvo a mí. Y son esas pequeñas cosas raras, distintas, las que nos convierten en únicos o exclusivos. Las manías de cada uno son las que crean la esencia de ser persona. Por eso vivimos, por nuestros pequeños hábitos, como sumar los números de las matrículas de los coches y ver si son divisibles entre dos, tres, cinco o siete. Pasear sin tocar las líneas rectas que separan los cuadros del mosaico de una acera. Contar estrellas, o saltar con la mirada árboles o farolas. Fruncir un ceño y luego el otro rápidamente para crear una simetría facial en tu cara, o arrancarte un pelo si se te ha caído otro. La gente es rara, la gente es distinta, la gente es exclusiva. La gente; es gente.

domingo, 26 de febrero de 2012

Momentos incómodos que pesan en la almohada.

Y se hizo el silencio. Aunque apenas duró un instante, apenas una décima de segundo hasta que ella habló pidiendo disculpas entre líneas por aquel atrevimiento. Pero él no la escuchaba. Él estaba absorto, como hipnotizado, enmarañado  o engatusado por el eco de sus palabras que resonaban en su cerebro como dos notas musicales perdidas poco a poco en un mar de silencios. Y él la miró a los ojos. Por primera vez no sabía qué hacer. Estaba nervioso, no se lo esperaba. La situación se le iba de las manos. La volvió a mirar. Lo mismo. Nada. No sabía qué hacer y se devanaba los sesos pensando la manera más adecuada de romper el inusitado silencio, pero nada se le ocurría, el sonido le distraía. La volvió a mirar, y como desesperado, la besó, como tratando de apagar con fuego el incendio de la flor de loto que ardía en su estómago. Ninguno de los dos cerró los ojos, tenían miedo, y querían saber como miraba cada uno. Acertaron. Y el beso duró o que fue necesario para ocultar la pesadez de la perturbadora presencia de las frases de ella. Pero pronto volvían a mirarse como antes. El beso fue efectivo. Al fin y al cabo, él se moría por dentro por confesarle a ella todas y cada una de las cosas que se guarda para sí. Es huraño y piensa que hay cosas que es mejor que nadie sepa. Ella lo sabe y espera impaciente a que algo se desarrolle, pero él es un cobarde. Al final, la presencia se fue disipando hasta permanecer casi marginada, sin vida. Pero cada vez que cerraban los ojos, no podían pensar en otra cosa que no fuera aquello de lo que ambos dos más miedo tenían.

sábado, 25 de febrero de 2012

El idioma del silencio.

Te lo podría decir todo. Podría empezar desde el principio, podría describir una mirada, un silencio, un punto y coma, un paréntesis. Podría empezar de cero explicándote y detallando todas y cada una de las palabras que dijiste. Podría contar tus pensamientos como los pestañeos de tus párpados. Podría sentir cada uno de tus latidos y señalar todas tus bocanadas de aire. Podría asimilar todas tus indirectas y decirte la verdad. Podría aprender cualquier cosa solo para impresionarte, o contarte cualquier historia para sacar una sonrisa. Podría contar todas tus sonrisas. Podría decirte lo que siento, en cualquier idioma, en cualquier situación, podría decirte lo que me guardo, en cualquier lugar, en cualquier momento. Podría decírtelo en chino, en francés, en japonés y en italiano, pero me gusta más como suena el idioma del silencio.

viernes, 24 de febrero de 2012

Puntos suspensivos

Date la vuelta, ¿ves algo fuera de lo normal? No, ¿verdad? Todo está tranquilo, perfectamente depositado en su sitio, de tal manera que cualquier cambio se notaría, y ya no seria un cambio sino otra cuidadosa deposición de restos herméticamente calculados para estar en su sitio y no en otro más. Te vas a volver a dar la vuelta pero ya no mirarás de la misma forma, no. Vas a buscar no lo que está ahí sino lo que ha cambiado y lo que no está. Piensa en eso; piensa en mil cosas más a la vez y te acercarás levemente a lo que es vivir como yo.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Latidos inconclusos que se pierden con el más leve roce.

Y aquí estás, aquí te encuentras. Tirado en la cama, buscando entre bocanadas de aire suelto un susurro en el vacío que te haga sentir como debería sentirse todo ser vivo, con vida. Mientras paseas tu mirada lentamente sobre el techo, amarillo del humo que desde hace tiempo invade la soledad del oxígeno apenas presenta ya, contando todas y cada una de las gotas del gotelé del techo que tanto odias, pero cuyo tacto rugoso admiras, frío, sentimental, lo tocas y observas pese a que como si de lija se tratara, te rasgara la piel poco a poco, pero te gusta esa sensación que tanto añoras. Y te haces daño del solo hecho de pensarlo, es una tarde cualquiera de recuerdos encerrados en baúles de diamante bajo tumbas de granito, porque como si se tratara de residuos nucleares, pese a creerlos extinguidos, afloran con la primavera, son flores al fin y al cabo, de cuyo número de pétalos caídos contando uno tras otro la estereotipada frase que los enamorados una vez inventaron para creer en la posibilidad de que aquello a lo que triste y enojadamente amor llamaban.
Te crees muerto, pero sorprendentemente respiras fuerte, una y otra vez porque tu corazón late deprisa. Tienes la sensación de que algo grande, algo importante va a suceder, pero te extraña ver que puedes pensar todavía impulsivamente, como si de algo que no fuera un robot se tratara. Recuerdas aquella melodía en sueños interpretada, y derramas una fina y triste lágrima de vidrio, que como si un escalofrío fuera, te recorre la mejilla de punta a punta, recordándote que al fin y al cabo eres una persona. Y dejas que la gota de agua perfumada con amargura de mil siglos encerrada en las cuencas de tus ojos vacías por el hundimiento de aquello en lo que no crees y a lo que con fe recurren otros, te escuece la cara porque al fin y al cabo esta hecha de ese ácido que tanto duele al recordar. Cierras los ojos. Los vuelves a abrir, y enrojecidos de las tempestades que desde el cielo lloran azufre, miran compasivos pidiendo clemencia a ellos mismos, cuyo sonido ruge a gloria y pena. Es lástima lo que sientes por ti mismo, tan hundido en la miseria como siempre, tratando de despejar con rostros sin luces y sombras sin vacío lo que antaño creías saludable y no dañino. Pero una más vez te equivocas, es un error que cometes nuevamente, pero que no se llama error, sino elección, de la que tanto miedo tienes.

Cierras los ojos, es miércoles. Miércoles de sangre, miércoles de lágrimas, miércoles de miedo.

martes, 21 de febrero de 2012

Cinco minutos de libertad en media tarde de locura.

Te sientes solo pero no importa. Te sientes triste pero ni tú mismo te das cuenta de como los muros se tornan cada vez más blanco oscuro, mientras se alejan ensanchando tu sensación de vacío y soledad. Te sientes pobre pero no te gusta sentirte rico. Te sientes común pero no quieres sentirte único. Te sientes malo, porque ser bueno es aburrido. Te sientes loco, pero la cordura no te apasiona. Te sientes apasionado, porque el raciocinio apenas te interesa. Te sientes libre, porque combatir contra cadenas que ni mil hombre pueden romper es tarea inútil para un solo hombre. Te sientes maldito pero eso es tan solo una consecuencia de ser tú mismo. Te sientes tú. Porque sentirte tú es sentirte solo, es sentirte y triste y sentirte pobre. Saber quien eres es una maldición, es una libertad, cuya condena es la misma libertad. Somos inútiles pero no nos importa, porque odiamos la utilidad de las personas. Somos ingenuos porque la inteligencia puede romper de todos modos las cadenas libres de la maldición del raciocinio. Somos humanos, porque no serlo nos preocupa, y serlo nos entretiene al menos divagando sobre nuestra condición. Somos cadáveres, porque la vida es demasiado rica, alegre y única. Somos cadáveres porque nos gusta el frío. Al fin y al cabo estoy enamorado de la madera de caoba de la tumba que me encierra, y me encanta el sonido de la tierra mojada y de la podredumbre de mi nicho.

jueves, 16 de febrero de 2012

El entramado de un sueño tejido al borde de la realidad, y números.

Un largo y grande vestido de cola cae suavemente deslizándose por la escalinata de un edificio antiguo que como si de un peso muerto se tratara, el vaivén del viento de una ventana abierta mece lentamente levantando algunas montañas sobre la blanca cola del vestido, que se elevan, parsimoniosas, melancólicas y tristes, mientras bajan peldaño a peldaño esperando mientras se divierten en su final maldito entre el plano del suelo de mármol que en infinitas casillas con forma de cuadriláteros se unen, formando un patrón geométrico casi perfecto de rombos cada vez más grandes hasta finalizar en una onda de numerosas circunferencias concéntricas de distinto tamaño donde espera en su centro un traje negro, sin apenas blanco entre las luces de la oscuridad que el traje desprende de sí mismo.

Y cuando el reloj marca las doce, la antítesis de colores, la una bajando despacio, apoyando suavemente su mano de porcelana sobre la fría barandilla que escribe sin pluma los versos de estos dramatis personae, y el otro marcando con el tacón de su fino, liso y perfumado zapato en acuerdo al color oscuro de su traje de eclipse, el ritmo de una nana mientras silba su respectiva melodía perfectamente acompasado con la métrica del zapato antes mencionado, se funden en una figura inquietante y misteriosa, que asombraría a la luna, que miraba con ojos tristes el inusitado espectáculo que en el oscuro y viejo salón de la mansión se estaba dando.

Mientras la nube de arco-irirs que se forma con el vaivén de la nana de cuna y el baile que los dos anómalos personajes realizaban, se hipnotizaban,era a la par que curioso, increíble. Primero el hombre, o eso daba a entender la esbelta figura del traje negro, límpido, alto y oscuro, cuyo rostro se encontraba difuminado por las sombras del recoveco que habían buscado para tan inusual baile, daba un paso hacia delante, siendo este el primer movimiento de la perfecta cadencia que sincronizaban los dos individuos, para responderle la mujer, que parecía un fantasma entre las sedas de pergamino que le cubrían la cara, creando un cúmulo de brillo blanco y luz en su cara, sin dejar entrever ningún gesto, ningún rostro, nada, con otro amenazante paso como el que el supuesto hombre dio anteriormente. Y no tardó en esperarse la respuesta ante tan inusitado silencio sin melodía, donde se oye el siniestro sonido del eco de las pisadas creadas, con esta vez dos pasos seguidos, cada uno con un pie distinto, empujando a la mujer casi a recrear un cuadro al pegarse apenas a centímetros con la pared de granito bien pulido que encerraba las paredes. Pero la disputa no quedó ahí, e inmediatamente y como si de un animal se tratara, la mujer dio tres pasos hacia delante, empujando al hombre contra la pared, que parecía más grande, pues no había alcanzado a llegar al muro, si no que esta estaba a otros escasos mínimos centímetros.

Y el hombre respondió con cinco contundentes pasos, creciendo ante la inconmensurabilidad de la sala, que parecía infinita, o cambiante al menos, ya que la mujer volvió a quedar rozando la pared de granito que parecía no inmutarse. Y el baile continuó, mientras la habitación se agrandaba más y más, hasta alcanzar el universo, y el número de pasos aumentó con ellos, ocho, trece, veintiuno, treinta y cuatro, cincuenta y cinco, ochenta y nueve, ciento cuarenta y cuatro, dos cientos treinta y tres, trescientos setenta y siete... llegó un momento en el que los sujetos eran incapaces de dar más pasos solo por el hecho de que una vida humana requeriría alcanzar el número de pasos que necesitaban darse como respuesta. La habitación flotaba, en una nube de tonos púrpuras, morados y naranjas, dejando entrever algún tipo de polvo que mantenía flotando la sala, ya infinita, en la que apenas se distinguían dos puntos en la magnificente habitación que pudieran ser los dos bailarines del encantado y matemático baile de salón.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Entre baúles de mármoles y arenas de cristales de botellas vacías.

Ha vuelto. No tiene por qué ser malo, no, pero estoy asustado, ya que tampoco puede ser bueno. Ha vuelto, en uno de los no mejores momentos, podría haber tardado, podría no haber llegado nunca, pero aquí está, de nuevo, mirándome con los mismos ojos que me miraba antaño. Ha vuelto, y no puedo apartar la mirada de sus ojos, tan limpio y cristalinos que mi cara de temor se puede ver reflejada en ellos. Ha vuelto, y me espera a que siga su señal, marcándome el camino y obligándome a mi mismo a vivir regido por sus leyes de nunca-más-volveré-a-ser-el-mismo. Es otra vez él, ha vuelto, del cual ya apenas me acordaba, pero lo reconozco como si ayer mismo hubiera compartido tantas cosas con él como con nadie había compartido nunca. Ha vuelto, de entre los más recónditos rincones y más oscuras tinieblas, de mis carcomidos baúles y de las cadenas que le retenían en el mismísimo rincón perdido de mi memoria. Yacía medio muerto en una esquina tirado, junto con otros males y pesadillas que encerré con llave, la cual tiré al fondo de la fosa más profunda, porque ni interés no era recuperarla de nuevo. Ha vuelto, en forma de luz, en forma de tranquilidad y de alegría. Es su forma, eso no me alarma. Y me tiende la mano, la cual, pese a todo, no puedo evitar sino cogerla de nuevo y sentir su tacto frío y gélido, como si de una estalagmita de hielo me estuviera agarrando. Y tirando de mí con la fuerza descomunal que solo él puede realizar, me sumerge en la fosa, donde a duras penas aguanto la respiración, pues me mareo por la presión y la profundidad, estoy morado, y me obliga a buscar la llave para abrir el arca perdida donde su esencia vital se haya encerrada. Parece que falleceré de un momento a otro, pues llevo muriendo desde que le ví por primera vez, pero es distinto, esta vez parece cambiar. De repente, y sin motivo alguno, ese fantasma que ilumina las ennegrecidas aguas donde el Sol no llega a iluminar, me abraza, como si de alguna especia de pulpo se tratara; y el morado desaparece de mi cara porque puedo respirar, y me tranquilizo, aunque la tranquilidad de ese momento es la que me hace sentir más angustiado y atrapado que nunca. Ha vuelto, como nunca antes había regresado, y ahora mismo soy preso de sus decisiones y de sus gustos e intereses. Ha vuelto, y con él, yo me he ido, para siempre, a encerrarme en el baúl que yo mismo dejé escondido bajo la inmensidad del océano. Ha vuelto a acabar conmigo para siempre, y le he dejado ganar el punto decisivo de nuestra batalla. Ha vuelto, he vuelto, y con mi regreso, me voy para siempre, este es el final de un triste antihéroe que busca entre las miles de llaves de miles de baúles que enterró, la que abra lo que acabará con él. Es el final, porque ha vuelto, ha vuelto, y yo acabo de morir.

sábado, 11 de febrero de 2012

Diamond blankets

¿Qué puede bajo una sábana? Tal vez simplemente una almohada, un cojín, o nada, solo el frío tacto del colchón. Puede haber gente, puede haber piel, o puede haber aire. Puede haber polvo o incluso basura; al fin y al cabo siempre hay basura. Debajo de una sábana puede haber lágrimas, puede haber risas. A lo mejor hay incluso sangre, vómito, pero al fin y al cabo siempre hay lágrimas, siempre hay basura.
¿Qué puede haber bajo una sábana? Puede existir amor, e incluso fuego, o ¿por qué no? Se puede encontrar fuego y amor a la vez. Es posible encontrar ojos, ojos que miran, ojos que se cierran; pero al fin y al cabo son ojos, nada más. Es posible ver miradas que se cruzan, que se pierden, que se vuelven a encontrar para volverse a perder de nuevo, como el paso de dos zapatillas mientras unas piernas crean el vaivén y desenlazan la armonía del nudo de los cordones de las zapatillas. Bajo una sábana puede haber dolor, puede haber pena, pero sobre todo dolor, siempre hay dolor. Bajo una sábana claro que puedes encontrar amor, pero solo si los ojos que bajo la sábana se encuentran se cierran, para no volver a abrirse nunca más. Bajo una sábana puede haber de todo, puede haber odio, puede haber nostalgia, pena, ilusión, sueño, esperanza, traición, inseguridad y desesperación. Bajo una sábana hay lástima, asco, muerte y pasión. Desdén y prepotencia, tendencia al absurdo y vuelta a la desesperación para empezar el ciclo de nuevo. Bajo una sábana hay de todo, de todo menos algo, que se pierde por encima del horizonte que mis ojos que miran no alcanzan a ver tras el translúcido papel-membrana de la sábana que me encarcela, pero alcanzo a ver la silueta durante las noches largas que pese a que me pueden, me salvan, me salva. La silueta que de perfil me mira con sus enormes ojos cuyo color me ciega y no alcanzo a discernir entre la ya opaca y oscura pared de ladrillo de mi sábana, me ayuda o dormir, me ayuda a soñar, me ayuda a desesperar.

Podría describir la sensación que vagamente intento describir, pero me da miedo la idea de perderla para siempre si hablo de ella, si hablo de ella. Nunca he flotado, soy una persona regida por la gravedad. Pero bajo esas sábanas de mármol que parece acero puedo alcanzar a romper las leyes que me regían antaño. Y floto, floto como nunca jamás había flotado jamás, y vuelo alto, porque no me preocupa caer en absoluto. Todo está oscuro, pero tampoco me preocupa, estoy volando, y al fin y al cabo solo estoy bajo una sábana de granito. Y en la oscuridad en la cual vuelo y floto, sin rumbo fijo, doy vueltas, o giro sobre mi mismo, sobre la silueta, que ahora parece ser una pequeña luz en la distancia, inalcanzable, una cárcel inexpugnable cuya llave se encuentra fuera de las sábanas de diamante, que crean ya un universo infinito sobre mis ojos. Y veo estrellas, veo galaxias, lo veo todo. Pero entre todo ello, solo una luz parece brillar más ante mis ojos, que brillan como el Sol ahora, porque tengo miedo, el corazón me palpita y creo morir poco a poco de los nervios que adoptan esa forma tan sádica cuando son nocivos. Y caigo, a un pozo oscuro, más allá de la sábana de diamante que me cubre, donde no alcanzo a ver la luz nunca más.

viernes, 10 de febrero de 2012

Holden Caulfield

Suele ser rápido, apasionante y efímero, sobre todo efímero. Es la chispa que provoca la piedra de un mechero al liberar cierta cantidad de gas, que se quema debido a la fricción del choque de la piedra, pero que no llega a producir una llama, se queda en chispa, solo eso. Es la nieve que cae sobre el asfalto húmedo un día de Febrero, que pese a no llegar a cuajar más, la ilusión que provoca la sensación de una posibilidad, es la chispa necesaria para encender la llama que nunca prende.

Suele ser tímido, cortado, apacible y escaso, sobre todo escaso. Nadie puede vivir de la esperanza de encontrar comida, al igual que no se puede calentar uno con el calor de tan solo una chispa. Y es que a veces merece la pena rebuscar un poco en tu pajar y sacar a relucir esa aguja que parecía olvidada solo porque cerrabas los ojos cuando buscabas antes. Y es que a veces merece la pena poner el gas para la chispa del mechero, y secar el asfalto mojado para que cuaje. A veces es necesario encender el interruptor de la luz al igual que llega a ser imprescindible poner la llave para encender el motor de un coche. Llega a ser imposible vivir sin esa chispa, sin esa llama. Pero todo fuego se apaga sin algo a lo que pueda prender. Son víctimas que sufren aleatoriamente por el problema que ellos mismos crearon por la necesidad de nieve, y acaban siendo víctimas. Y ahora mismo eres madera.

domingo, 5 de febrero de 2012

Vive rápido, muere jóven y deja un bonito cadáver

 -No vamos a morir mañana, no, es prácticamente imposible, en todo caso faltarán un par de días para que el reloj muera y llegue la hora de rendir cuentas al destino.

-Entonces, ¿cómo sugieres que haga? ¿Cómo quieres que viva?

-Quiero que salgas a la calle, que mires al cielo y que no bajes la cabeza nunca más. Pero no lo hagas por mi, házlo por ti, porque no quieres bajar la cabeza jamás. Quiero que corras rápido, como nunca jamás habías corrido, pero no corras como si te estuviera persiguiendo alguien, corre porque añoras correr sin miedo, sin necesidad, corre por ti, porque no quieres quedarte quieto jamás. Quiero que rías fuerte, de verdad, pero no porque te hayan contado tal vez un chiste gracioso, no, quiero que te rías de seguir con vida, de correr y de mirar al cielo. Quiero que sonrías por estar con vida, quiero que no vuelvas a estar condenado, preso de tus preocupaciones y ambiciones. Quiero que saltes y grites como si nadie te fuera a oir más, quiero que seas quien eres, pero no porque sea lo que necesites, sino porque es lo que quieres, no seas quien eres por mí, hazlo por ti, porque cada día de tu vida echas de menos hacer lo que quieres hacer, correr como quieres correr y gritar como realmente quieres gritar. Se tú mismo, y vive, ¡vive! Nadie te va a quitar tu derecho a ser feliz, nadie te va a negar tu libertad. Repite conmigo: "¡Soy libre!".

-¡Soy libre!

-¡Y siempre lo seré!

-¡Y siempre lo seré!

-Porque soy una persona, soy una persona, soy libre, soy libre, porque soy una persona.

-Porque soy una persona, soy una persona, soy libre, soy libre, porque soy una persona.

viernes, 3 de febrero de 2012

Sobre la felicidad y otros miedos pasajeros

Vivo atado a un mundo que, mientras llora triste pasajero de sus costumbres y hábitos, ríe disimulando la angustia que pasea lenta, arrastrándose tímida como no queriendo salir nunca más. Y se pudre cuando la miro, porque la luz no llega donde su escondite, no, no llega. La luz acabaría con ella, y la simbiosis que el parásito produce en mí acabaría conmigo también con su velada eterna. Es triste vivir así, vivir apartado y vivir sin tiempo, buscando cada poco el brillo de un enchufe al que agarrarme. Son como las piedras de un rocódromo infinito, y ya me he caído varias veces en esta aventura que me persigue sin yo buscarla, que me habla por las noches y me despierta sentada con su enorme peso sobre mi espalda cada día. La llevo a cuestas como un sherpa lleva encima el peso de mil kilos de comida y energía, que irónicamente acaban con la suya. Es un ciclo que se repite eternamente, una y otra vez.

Mi meta es conocer mi meta, conocerme mejor, saber quien soy, saber quien eres. Y no hay día en mi aciega vida que no piensa mientras duermo, antes de acostarme y después de levantarme quién soy y qué hago aquí. Mi meta es conocerte mejor y saber más de ti, pequeño lucero que arroja vida e ilusión a mis inalcanzables metas. Mi meta es aprender de ti, pequeño gran iceberg de punta fina y larga, cuyo fondo se descubre solo tras sumergirse bajo agua. Mi meta es ser un iceberg. Porque un iceberg no siente; porque un iceberg no llora.

Y por cada lágrima que derramamos todos hay una letra en esta poesía de corazón en puño y estómago abierto; de garganta de nidos de mariposas y de nudos en las entrañas. Y por cada minuto de tiempo perdido en la existencia corta, una meta se pierde, perdemos todos, perdemos todo. Ganamos nada.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Atentamente: Conciencia

"Sería alas, tu mente y tu cuerpo, sería visión cuando el sol te ciega y tu dolor cuando te hieres. Sería corazón cuando lo necesitas y tu conciencia cuando la usas. Sería razón y objetivo, meta y destino, sería viento cuando vuelas y piernas cuando corres, sería cielo y sería estrellas, sería luz cuando estás a oscuras y sería agua cuando estás sediento. Sería amor cuando te sientes solo y soledad cuando te sientes querido.

Sería mundo cuando no quedara nada y nadie cuando lo tuvieras todo. Sería calma cuando estuvieras en guerra y paciencia cuando no lo estuvieras. Sería instinto cuando te faltaran ganas y ganas cuando te faltara instinto.

Lo sería todo. En cambio, no me dejas ser nada."