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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

martes, 21 de febrero de 2012

Cinco minutos de libertad en media tarde de locura.

Te sientes solo pero no importa. Te sientes triste pero ni tú mismo te das cuenta de como los muros se tornan cada vez más blanco oscuro, mientras se alejan ensanchando tu sensación de vacío y soledad. Te sientes pobre pero no te gusta sentirte rico. Te sientes común pero no quieres sentirte único. Te sientes malo, porque ser bueno es aburrido. Te sientes loco, pero la cordura no te apasiona. Te sientes apasionado, porque el raciocinio apenas te interesa. Te sientes libre, porque combatir contra cadenas que ni mil hombre pueden romper es tarea inútil para un solo hombre. Te sientes maldito pero eso es tan solo una consecuencia de ser tú mismo. Te sientes tú. Porque sentirte tú es sentirte solo, es sentirte y triste y sentirte pobre. Saber quien eres es una maldición, es una libertad, cuya condena es la misma libertad. Somos inútiles pero no nos importa, porque odiamos la utilidad de las personas. Somos ingenuos porque la inteligencia puede romper de todos modos las cadenas libres de la maldición del raciocinio. Somos humanos, porque no serlo nos preocupa, y serlo nos entretiene al menos divagando sobre nuestra condición. Somos cadáveres, porque la vida es demasiado rica, alegre y única. Somos cadáveres porque nos gusta el frío. Al fin y al cabo estoy enamorado de la madera de caoba de la tumba que me encierra, y me encanta el sonido de la tierra mojada y de la podredumbre de mi nicho.

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