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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Diamond blankets

¿Qué puede bajo una sábana? Tal vez simplemente una almohada, un cojín, o nada, solo el frío tacto del colchón. Puede haber gente, puede haber piel, o puede haber aire. Puede haber polvo o incluso basura; al fin y al cabo siempre hay basura. Debajo de una sábana puede haber lágrimas, puede haber risas. A lo mejor hay incluso sangre, vómito, pero al fin y al cabo siempre hay lágrimas, siempre hay basura.
¿Qué puede haber bajo una sábana? Puede existir amor, e incluso fuego, o ¿por qué no? Se puede encontrar fuego y amor a la vez. Es posible encontrar ojos, ojos que miran, ojos que se cierran; pero al fin y al cabo son ojos, nada más. Es posible ver miradas que se cruzan, que se pierden, que se vuelven a encontrar para volverse a perder de nuevo, como el paso de dos zapatillas mientras unas piernas crean el vaivén y desenlazan la armonía del nudo de los cordones de las zapatillas. Bajo una sábana puede haber dolor, puede haber pena, pero sobre todo dolor, siempre hay dolor. Bajo una sábana claro que puedes encontrar amor, pero solo si los ojos que bajo la sábana se encuentran se cierran, para no volver a abrirse nunca más. Bajo una sábana puede haber de todo, puede haber odio, puede haber nostalgia, pena, ilusión, sueño, esperanza, traición, inseguridad y desesperación. Bajo una sábana hay lástima, asco, muerte y pasión. Desdén y prepotencia, tendencia al absurdo y vuelta a la desesperación para empezar el ciclo de nuevo. Bajo una sábana hay de todo, de todo menos algo, que se pierde por encima del horizonte que mis ojos que miran no alcanzan a ver tras el translúcido papel-membrana de la sábana que me encarcela, pero alcanzo a ver la silueta durante las noches largas que pese a que me pueden, me salvan, me salva. La silueta que de perfil me mira con sus enormes ojos cuyo color me ciega y no alcanzo a discernir entre la ya opaca y oscura pared de ladrillo de mi sábana, me ayuda o dormir, me ayuda a soñar, me ayuda a desesperar.

Podría describir la sensación que vagamente intento describir, pero me da miedo la idea de perderla para siempre si hablo de ella, si hablo de ella. Nunca he flotado, soy una persona regida por la gravedad. Pero bajo esas sábanas de mármol que parece acero puedo alcanzar a romper las leyes que me regían antaño. Y floto, floto como nunca jamás había flotado jamás, y vuelo alto, porque no me preocupa caer en absoluto. Todo está oscuro, pero tampoco me preocupa, estoy volando, y al fin y al cabo solo estoy bajo una sábana de granito. Y en la oscuridad en la cual vuelo y floto, sin rumbo fijo, doy vueltas, o giro sobre mi mismo, sobre la silueta, que ahora parece ser una pequeña luz en la distancia, inalcanzable, una cárcel inexpugnable cuya llave se encuentra fuera de las sábanas de diamante, que crean ya un universo infinito sobre mis ojos. Y veo estrellas, veo galaxias, lo veo todo. Pero entre todo ello, solo una luz parece brillar más ante mis ojos, que brillan como el Sol ahora, porque tengo miedo, el corazón me palpita y creo morir poco a poco de los nervios que adoptan esa forma tan sádica cuando son nocivos. Y caigo, a un pozo oscuro, más allá de la sábana de diamante que me cubre, donde no alcanzo a ver la luz nunca más.

2 comentarios:

  1. Me gusta tu blog, te sigo! :)
    http://ceciliawriter.blogspot.com/
    pásate si quieres y me sigues si te apetece, mil besos!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! :D
      Okay, me pasaré y te sigo. Un abrazo :)

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