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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

jueves, 16 de febrero de 2012

El entramado de un sueño tejido al borde de la realidad, y números.

Un largo y grande vestido de cola cae suavemente deslizándose por la escalinata de un edificio antiguo que como si de un peso muerto se tratara, el vaivén del viento de una ventana abierta mece lentamente levantando algunas montañas sobre la blanca cola del vestido, que se elevan, parsimoniosas, melancólicas y tristes, mientras bajan peldaño a peldaño esperando mientras se divierten en su final maldito entre el plano del suelo de mármol que en infinitas casillas con forma de cuadriláteros se unen, formando un patrón geométrico casi perfecto de rombos cada vez más grandes hasta finalizar en una onda de numerosas circunferencias concéntricas de distinto tamaño donde espera en su centro un traje negro, sin apenas blanco entre las luces de la oscuridad que el traje desprende de sí mismo.

Y cuando el reloj marca las doce, la antítesis de colores, la una bajando despacio, apoyando suavemente su mano de porcelana sobre la fría barandilla que escribe sin pluma los versos de estos dramatis personae, y el otro marcando con el tacón de su fino, liso y perfumado zapato en acuerdo al color oscuro de su traje de eclipse, el ritmo de una nana mientras silba su respectiva melodía perfectamente acompasado con la métrica del zapato antes mencionado, se funden en una figura inquietante y misteriosa, que asombraría a la luna, que miraba con ojos tristes el inusitado espectáculo que en el oscuro y viejo salón de la mansión se estaba dando.

Mientras la nube de arco-irirs que se forma con el vaivén de la nana de cuna y el baile que los dos anómalos personajes realizaban, se hipnotizaban,era a la par que curioso, increíble. Primero el hombre, o eso daba a entender la esbelta figura del traje negro, límpido, alto y oscuro, cuyo rostro se encontraba difuminado por las sombras del recoveco que habían buscado para tan inusual baile, daba un paso hacia delante, siendo este el primer movimiento de la perfecta cadencia que sincronizaban los dos individuos, para responderle la mujer, que parecía un fantasma entre las sedas de pergamino que le cubrían la cara, creando un cúmulo de brillo blanco y luz en su cara, sin dejar entrever ningún gesto, ningún rostro, nada, con otro amenazante paso como el que el supuesto hombre dio anteriormente. Y no tardó en esperarse la respuesta ante tan inusitado silencio sin melodía, donde se oye el siniestro sonido del eco de las pisadas creadas, con esta vez dos pasos seguidos, cada uno con un pie distinto, empujando a la mujer casi a recrear un cuadro al pegarse apenas a centímetros con la pared de granito bien pulido que encerraba las paredes. Pero la disputa no quedó ahí, e inmediatamente y como si de un animal se tratara, la mujer dio tres pasos hacia delante, empujando al hombre contra la pared, que parecía más grande, pues no había alcanzado a llegar al muro, si no que esta estaba a otros escasos mínimos centímetros.

Y el hombre respondió con cinco contundentes pasos, creciendo ante la inconmensurabilidad de la sala, que parecía infinita, o cambiante al menos, ya que la mujer volvió a quedar rozando la pared de granito que parecía no inmutarse. Y el baile continuó, mientras la habitación se agrandaba más y más, hasta alcanzar el universo, y el número de pasos aumentó con ellos, ocho, trece, veintiuno, treinta y cuatro, cincuenta y cinco, ochenta y nueve, ciento cuarenta y cuatro, dos cientos treinta y tres, trescientos setenta y siete... llegó un momento en el que los sujetos eran incapaces de dar más pasos solo por el hecho de que una vida humana requeriría alcanzar el número de pasos que necesitaban darse como respuesta. La habitación flotaba, en una nube de tonos púrpuras, morados y naranjas, dejando entrever algún tipo de polvo que mantenía flotando la sala, ya infinita, en la que apenas se distinguían dos puntos en la magnificente habitación que pudieran ser los dos bailarines del encantado y matemático baile de salón.

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