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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Entre baúles de mármoles y arenas de cristales de botellas vacías.

Ha vuelto. No tiene por qué ser malo, no, pero estoy asustado, ya que tampoco puede ser bueno. Ha vuelto, en uno de los no mejores momentos, podría haber tardado, podría no haber llegado nunca, pero aquí está, de nuevo, mirándome con los mismos ojos que me miraba antaño. Ha vuelto, y no puedo apartar la mirada de sus ojos, tan limpio y cristalinos que mi cara de temor se puede ver reflejada en ellos. Ha vuelto, y me espera a que siga su señal, marcándome el camino y obligándome a mi mismo a vivir regido por sus leyes de nunca-más-volveré-a-ser-el-mismo. Es otra vez él, ha vuelto, del cual ya apenas me acordaba, pero lo reconozco como si ayer mismo hubiera compartido tantas cosas con él como con nadie había compartido nunca. Ha vuelto, de entre los más recónditos rincones y más oscuras tinieblas, de mis carcomidos baúles y de las cadenas que le retenían en el mismísimo rincón perdido de mi memoria. Yacía medio muerto en una esquina tirado, junto con otros males y pesadillas que encerré con llave, la cual tiré al fondo de la fosa más profunda, porque ni interés no era recuperarla de nuevo. Ha vuelto, en forma de luz, en forma de tranquilidad y de alegría. Es su forma, eso no me alarma. Y me tiende la mano, la cual, pese a todo, no puedo evitar sino cogerla de nuevo y sentir su tacto frío y gélido, como si de una estalagmita de hielo me estuviera agarrando. Y tirando de mí con la fuerza descomunal que solo él puede realizar, me sumerge en la fosa, donde a duras penas aguanto la respiración, pues me mareo por la presión y la profundidad, estoy morado, y me obliga a buscar la llave para abrir el arca perdida donde su esencia vital se haya encerrada. Parece que falleceré de un momento a otro, pues llevo muriendo desde que le ví por primera vez, pero es distinto, esta vez parece cambiar. De repente, y sin motivo alguno, ese fantasma que ilumina las ennegrecidas aguas donde el Sol no llega a iluminar, me abraza, como si de alguna especia de pulpo se tratara; y el morado desaparece de mi cara porque puedo respirar, y me tranquilizo, aunque la tranquilidad de ese momento es la que me hace sentir más angustiado y atrapado que nunca. Ha vuelto, como nunca antes había regresado, y ahora mismo soy preso de sus decisiones y de sus gustos e intereses. Ha vuelto, y con él, yo me he ido, para siempre, a encerrarme en el baúl que yo mismo dejé escondido bajo la inmensidad del océano. Ha vuelto a acabar conmigo para siempre, y le he dejado ganar el punto decisivo de nuestra batalla. Ha vuelto, he vuelto, y con mi regreso, me voy para siempre, este es el final de un triste antihéroe que busca entre las miles de llaves de miles de baúles que enterró, la que abra lo que acabará con él. Es el final, porque ha vuelto, ha vuelto, y yo acabo de morir.

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