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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

martes, 28 de febrero de 2012

Sientes, piensas, escribes.

Me gusta fijarme en pequeños detalles, que resultan graciosos e interesantes si se les mira con detenimiento. Por ejemplo, son divertidas las colillas sin apagar en el suelo mojado, o cuando pasa por ejemplo un camión debajo de un puente, e intentas aproximar la medida del camión con la altura del puente comprobando si podrá o no pasar bajo él. Me gustan los pájaros, y fijarme en como cojen y sueltan las amiguitas de pan que los peatones arrojan al suelo como muestra de su desprecio por la comida o pensando en el futuro festín de un simple pájaro. Me entretiene describir paisajes, imágenes mentales que vienen y van a la cabeza como luces intermitentes en un semáforo en ámbar. Me gusta comparar las voces de los actores de doblaje de distintos personajes en series o películas, y  reírme de pensar la inusitada comparación entre uno u otro. Me entretiene memorizar cosas entre paréntesis, curiosidades o banalidades que a nadie más que a mí le interesaría memorizar, pero que resultarían interesantes para cualquier otra persona, como por ejemplo el título de la canción de Nirvana "Smells Like Teen Spirit" y su cómica comparación con el desodorante que usaba Kurt Cobain en su época de estudiante, Teen Spirit, sobre el cual una muchacha pintó en la pared "Kurt Smells Like Teen Spirit", y de ahí el nombre de la canción. Me divierto creando historias sobre la vestimenta de la gente, sacando conclusiones precipitadas sobre donde irán, mirando sus gestos, observándoles en detenidas situaciones como la manera de caminar después de permanecer en un semáforo, el tono de su voz cuando hablan por teléfono, o simplemente por como miran o caminan. Son tremendastrivialidades que apenas son interesantes para el resto del mundo, salvo a mí. Y son esas pequeñas cosas raras, distintas, las que nos convierten en únicos o exclusivos. Las manías de cada uno son las que crean la esencia de ser persona. Por eso vivimos, por nuestros pequeños hábitos, como sumar los números de las matrículas de los coches y ver si son divisibles entre dos, tres, cinco o siete. Pasear sin tocar las líneas rectas que separan los cuadros del mosaico de una acera. Contar estrellas, o saltar con la mirada árboles o farolas. Fruncir un ceño y luego el otro rápidamente para crear una simetría facial en tu cara, o arrancarte un pelo si se te ha caído otro. La gente es rara, la gente es distinta, la gente es exclusiva. La gente; es gente.

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