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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Divagaciones.

Y ahora sabes un poco mejor qué es lo que buscas. Llevas una vida buscando, surcando entre aquellos oscuros callejones, sucios y mojados, la mísera retina del ojo que solo a ti te puede ver, llevas buscando demasiado. ¿Y todo eso para qué? Para no hallar más que una duda tras otra, reflejada en el semblante serio del dorso de un papel o en la pantalla de un ordenador, para no hallar más que una minúscula transformación, que vuelve a ti en el más oscuro día de primavera. Porque sigues sin encontrar nada, aunque todo parezca que mejora, toda la felicidad que encuentras es efímera, y se convierte en nostalgia al poco de finalizar el escaso periodo de euforia que sientes por ejemplo, ayer a las siete de la tarde, para volver en esa disforia a las doce, y vuelta a la normalidad a las nueve de la mañana del día siguiente, para conventirse de nuevo en pena y lástima a la una y veinticinco, y así, el rutinario ciclo de un muerto viviente. Solo somos cadáveres.

Te gustaría no tener cuerpo, y en el fondo, confías en que no lo tienes, tan solo son ideas, que se pierden en el eco del último suspiro y del canto desconsolado de un ánima en ciernes, en solo un alma, sin nada más que ella misma, surcando el limbo frío pero tierno, sin arrojar la más mínima importancia a la vida que te atrapa. Platón tenía razón, el mundo es una cárcel, un castigo y una trampa, de la que solo es posible escapar recurriendo a la muerte, ahí es donde se encuentra la única salvación, el único modo de conocer lo que es, realmente, la verdad.

1 comentario:

  1. Pero Platón no tenía esperanzas metafísicas, me asfixio en su mundo Ideal.
    Me tuvo aquí, frente a la pantalla, sin hacer nada, un buen rato tu entrada. Se agradece leer algo así.
    Besos.

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