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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Escondido entre bastidores.

La chica del portal número trece, que pasea lentamente el canto nostálgico de su felicidad pasajera, absorbiendo el húmedo asfalto que corre por sus venas tras la tormenta primaveral de un uno de mayo. Carente de sentidos, su pelo oscuro, mecido por el viento, anudado tras el revés del golpe de aire en un vehículo motorizado, es balanceado cortésmente por la fragancia entre el tupido velo de la soledad inerte que es su paso. Marcando con pisadas de diamante su rostro rasgado por las cicatrices del pasado a través de charcos de Neptuno y rayos de Apolo, la pesante figura de la chica de carretera, cadáver insostenible cuando el paso de las cuerdas llega al final de su función, llega a su tumba. Ella huele a lágrimas de bourbon y aliento a melancolía, de un sábado cualquiera en los brazos de su poderosa cárcel de fuego. Huele a cenizas y azufre en el interior de su marchita rosa, cantando dulcemente la melodía de su cuento, rondando el pareado de su enseñanza. Habla con los árboles y saluda a los animales, en esa completa armonía que siente con la naturaleza habiendo dejado atrás el humo del tabaco que fuman los tubos de escape, y el murmullo con su eco de las voces de esos indigentes sin rumbo. Y cuando las luces del escenario se apaguen y no quede nadie sentado entre el público, la rosa de este cuento de hadas se pudrirá, inundando el suelo de madera de un rojo carmesí, más propio del infierno que de una obra de teatro.

1 comentario:

  1. Who’d want to be men of the people, when there’s people like you?

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