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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Otro ladrillo en el muro.

Algunos hablan sobre que fue diseño del miedo, para rendir cuentas a los incrédulos ignorantes que pensaban que la pesada seguridad que se cernía sobre ellos era inalterable. Dicen que fue sembrada en los campos de la inseguridad, y regada por lágrimas de quienes fueron fallados. Los aliados que en su momento lucharon en su bando la propugnan con la palabra "basura". Les daba incluso asco hablar de ello, como un creyente que ha perdido a su Dios, o una persona que ha perdido la esperanza.
Otros, en cambio, los que aún sostienen con firmeza el lápiz de pergamino entre sus dedos, trazando líneas con flaqueza en el dorso del papel sobre sus mesas, aquellos que aún creen que el odio es pasajero, y que la juventud perdura en sus corazones de hierro, afirman que es pura, que es buena, y que está fundada en los valores más nativos de nuestra creación. De hecho, los más extremistas afirman que no es una creación, que es un valor innato con el que nacemos, todos nosotros. Es cierto que aún no conozco a ninguno, que sumido en la mayor de las decepciones, y crecido por sus propios errores, sostenga esta teoría, más bien optimista. Todos acaban optando por la primera percepción, concebida entre las mentes tristes, que auguran un futuro pesimista y triste, pero forjado en las ideas más sólidas jamás creadas. Ellos, los que se hacen llamar "los-que-dejaron-de-sentir", no son felices, en absoluto, pero viven rodeados de las burbujas, que ellos mismos crearon, para su conforte y seguridad. Puede que jamás lleguen a ser felices, ni a conocer la felicidad. Los que alguna vez la conocieron, probablemente la olvidarán, y los que todavía creen poseerla entre sus brazos, tocarla con su dedos y saborearla con su mente, la perderán, porque a todos, sin excepción, les llega su invierno. Ellos no escogieron pertenecer a un bando o a otro, seguramente de pequeños fueran como todos, normales, como se consideran todavía. No hubieran imaginado jamás la monotonía de sentimientos y emociones en las que acabarían convertidos, pero con el tiempo, la nostalgia es un mero pasaje en el libro de páginas blancas de su historia.
Y yo. Yo acabo de cambiarme de bando.

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