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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

martes, 23 de octubre de 2012

Miedo

Siempre he sido un humilde servidor de la doctrina del miedo. Ese escalofrío que recorre tu cuerpo, y te paraliza y te deja semiconsciente y te arroja al suelo, aunque permanezcas aún de pie, oyendo lo que tengas que oir, o viendo lo que tengas que ver. Miras a los ojos a todo aquello que jamás creíste que llegarías a tener en frente de ti, y no puedes si no permanecer en silencio, a oscuras, inmóvil. Nada. Apenas tienes tiempo para responder; has dejado de ser capaz de coordinar tus movimientos, y no puedes sino dejarte ser mecido por este mecenas del terror, de esta máscara invisible, gris y despiadada, cuya silueta derrama sudor y sangre, que corretea a través de tus mejillas como finas gotas de agua de lluvia bajo una tormenta, como cientos de soldados aullando unos contra otros, en una guerra sin fin, desbocando los caídos y sus bayonetas en el negro agujero que atrás dejó ya aquel sentimiento de gratitud y estabilidad eterna, que yace en el monumento que se yergue ante tus ojos, que no son ojos sino fuego, y que no es fuego sino miedo.
Y de repente, lloras. Como pidiendo clemencia ante la artritis tóxica del ambiente etéreo, sempiterno, que parece no acabar nunca. Rogando al alma súbita que no es alma, sino muerte, y que no es muerte, sino miedo.

El silencio llena la atmósfera del cuarto vacío, pero contigo. Lleno, pero sin ti. Tiñiendo de púrpura las cortinas de esparto y de gasolina el arco-iris del llanto perpétuo que cae de tus océanos al cielo, en charcos y tifones de ese terciopelo auténtico, que aún creías tuyo, pero de nadie, que ahora es suyo, y no de todos, de él, y no de ti. El reloj puede marcar lo que quiera que marque, pero el tiempo no corre, porque ya ha dejado de existir, y mientras crees que al menos el miedo que corre por tus venas y cae del empíreo celestial de la esfera que es el cenit de tu rostro te acompaña, estás solo. Solo tú, que ya no eres tú sino nadie, que ya no es nadie sino todo, y que ya no es todo sino miedo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Smoke

Una vez oí que la mejor parte de las canciones, o de la música en general, es el momento en el que decides cuando se detiene, cuando continúa o cuando simplemente desaparece. Y hasta hace pocas horas no comprendí su significado por completo. Ni quizás lo mucho que abarca esa definición de música, que en realidad no es música. Es tiempo. Porque a veces te detienes a pensar, por ejemplo, en un cigarro. ¿Por qué fumas? Sencillamente, y al fin y al cabo, hay pocos momentos en los que eres capaz de decidir sobre el destino de algo, que en su más recóndito significado, ocupa en estos momentos el concepto de cigarro, pitillo, o como quieras llamarlo. Puedes decidir la cantidad de humo que quieres en la atmósfera de, digamos, un cuarto vacío, la velocidad con la que se consume, el inicio de su fugaz vida, y el corto y repentino final que le quieras dar. 

¿Por qué escribes? Puede que cierto orgullo te llene de satisfacción al expresar y plasmar en un formato lo que ocupa tu cabeza: ideas, sueños, pesadillas, locuras... O te gusta oir tu voz representando aquello con lo que sueñas dar a conocer, o tal vez solo quieras liberarte de la rutina en unos escasos cinco o diez minutos. La realidad no está nada más lejos que eso, cuando, lo que cada uno escribe, está al margen de lo que todos quieran que esté escrito, de lo que todos quieran cuando termine, como rime, el número de palabras que tenga, el tiempo que emplees en recitarlo, o cómo suene pronunciado en la boca de un premio Nobel de literatura. Solamente te centras en dejar la dependencia del mundo a un lado, y ser tú quien escribe, quien encadena las ideas que se te van apareciendo como rayos, quien propone el título, la escenificación, el lenguaje, la concordancia; eres tú. Eres tú, quien descubre el mundo de palabras y las juntas, las unes, estás jugando con ellas. Eres tú quien decide.

Por eso te pido, por favor, que el humo que ocupa esta habitación, no salga nunca de ella. Deja que esté poema sea interminable, que está canción no acabe nunca, que este cigarro nunca se consuma. Deja que la atmósfera sea eterna.


martes, 16 de octubre de 2012

¿Os gustan las metáforas? Tratad de descifrar esta.

Muchos me llamasteis loco cuando os hablé de ella por primera vez. Me tachasteis de fanático, obseso, y tal vez incluso algo perturbado, pero desde entonces (y esto lo puedo decir con toda seguridad), estoy enamorado de ella, de su perfume, que se adhiere a mi piel y a mi ropa, de su mirada, de su "vida". Algunos no me entendisteis, y es cierto que al principio yo también dudé de ella, pero ha pasado ya tanto tiempo... Al principio resultaba difícil de creer, apenas confiaba en ella, era distante, fría y manipuladora, y todo lo que se desarrollaba parecía tan poco real, que no podía creer ciegamente en su certeza.

Aún recuerdo bien cuando la conocí. Hará un verano o dos, no recuerdo bien, y apenas salía yo a la calle, no sé muy bien por qué, me quedaba perpétuo en la soledad de mi habitación, sin pensar bien en lo que pensaba, realmente, en nada. Y la descubrí por ahí, como quien no quiere la cosa, zumbando unas veces en mis oídos, otras incluso se paseaba por mi mente, e incluso la llegué a contemplar con mis propios ojos una tarde cualquiera. Porque eso que dicen de que el amor a primera vista es mentira, es mentira. Y entonces caí preso en sus noches conmigo, en mis días con ella, en sus sonrisas mías y en mis lágrimas suyas, en mis delirios de mí y en la constancia de ella. En sus sueños, que se convirtieron en los míos, y en sueños míos que se convirtieron en ella. No pude desprenderme jamás de esa esencia que desprendía, amor tal vez no, ¿pero felicidad? No, probablemente tampoco fuera eso. Simplemente, es algo que simplemente no se puede describir con facilidad, es algo que simplemente no es simple, pero que no pertence al conjunto de "cosas complejas". No, ella no pertence a ninguna clase ni a ningún conjunto, ni el mismísimo Frege podría definirla, porque "todo lo que se puede decir se puede decir con claridad, y lo que no, es mejor callarse", ¿no? En fin, tampoco quiero mezclar mucha filosofía contextual en esta vaga descripción. Ella simplemente es única, y el hecho de haberla conocido, ha cambiado y cambiará radicalmente el rumbo de mi vida.