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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

martes, 23 de octubre de 2012

Miedo

Siempre he sido un humilde servidor de la doctrina del miedo. Ese escalofrío que recorre tu cuerpo, y te paraliza y te deja semiconsciente y te arroja al suelo, aunque permanezcas aún de pie, oyendo lo que tengas que oir, o viendo lo que tengas que ver. Miras a los ojos a todo aquello que jamás creíste que llegarías a tener en frente de ti, y no puedes si no permanecer en silencio, a oscuras, inmóvil. Nada. Apenas tienes tiempo para responder; has dejado de ser capaz de coordinar tus movimientos, y no puedes sino dejarte ser mecido por este mecenas del terror, de esta máscara invisible, gris y despiadada, cuya silueta derrama sudor y sangre, que corretea a través de tus mejillas como finas gotas de agua de lluvia bajo una tormenta, como cientos de soldados aullando unos contra otros, en una guerra sin fin, desbocando los caídos y sus bayonetas en el negro agujero que atrás dejó ya aquel sentimiento de gratitud y estabilidad eterna, que yace en el monumento que se yergue ante tus ojos, que no son ojos sino fuego, y que no es fuego sino miedo.
Y de repente, lloras. Como pidiendo clemencia ante la artritis tóxica del ambiente etéreo, sempiterno, que parece no acabar nunca. Rogando al alma súbita que no es alma, sino muerte, y que no es muerte, sino miedo.

El silencio llena la atmósfera del cuarto vacío, pero contigo. Lleno, pero sin ti. Tiñiendo de púrpura las cortinas de esparto y de gasolina el arco-iris del llanto perpétuo que cae de tus océanos al cielo, en charcos y tifones de ese terciopelo auténtico, que aún creías tuyo, pero de nadie, que ahora es suyo, y no de todos, de él, y no de ti. El reloj puede marcar lo que quiera que marque, pero el tiempo no corre, porque ya ha dejado de existir, y mientras crees que al menos el miedo que corre por tus venas y cae del empíreo celestial de la esfera que es el cenit de tu rostro te acompaña, estás solo. Solo tú, que ya no eres tú sino nadie, que ya no es nadie sino todo, y que ya no es todo sino miedo.

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