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Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Smoke

Una vez oí que la mejor parte de las canciones, o de la música en general, es el momento en el que decides cuando se detiene, cuando continúa o cuando simplemente desaparece. Y hasta hace pocas horas no comprendí su significado por completo. Ni quizás lo mucho que abarca esa definición de música, que en realidad no es música. Es tiempo. Porque a veces te detienes a pensar, por ejemplo, en un cigarro. ¿Por qué fumas? Sencillamente, y al fin y al cabo, hay pocos momentos en los que eres capaz de decidir sobre el destino de algo, que en su más recóndito significado, ocupa en estos momentos el concepto de cigarro, pitillo, o como quieras llamarlo. Puedes decidir la cantidad de humo que quieres en la atmósfera de, digamos, un cuarto vacío, la velocidad con la que se consume, el inicio de su fugaz vida, y el corto y repentino final que le quieras dar. 

¿Por qué escribes? Puede que cierto orgullo te llene de satisfacción al expresar y plasmar en un formato lo que ocupa tu cabeza: ideas, sueños, pesadillas, locuras... O te gusta oir tu voz representando aquello con lo que sueñas dar a conocer, o tal vez solo quieras liberarte de la rutina en unos escasos cinco o diez minutos. La realidad no está nada más lejos que eso, cuando, lo que cada uno escribe, está al margen de lo que todos quieran que esté escrito, de lo que todos quieran cuando termine, como rime, el número de palabras que tenga, el tiempo que emplees en recitarlo, o cómo suene pronunciado en la boca de un premio Nobel de literatura. Solamente te centras en dejar la dependencia del mundo a un lado, y ser tú quien escribe, quien encadena las ideas que se te van apareciendo como rayos, quien propone el título, la escenificación, el lenguaje, la concordancia; eres tú. Eres tú, quien descubre el mundo de palabras y las juntas, las unes, estás jugando con ellas. Eres tú quien decide.

Por eso te pido, por favor, que el humo que ocupa esta habitación, no salga nunca de ella. Deja que esté poema sea interminable, que está canción no acabe nunca, que este cigarro nunca se consuma. Deja que la atmósfera sea eterna.


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