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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Quiero ser una hache muda

No me recuerdes alegre,
sin descubrir antes la felicidad al sentirse solo,
único
como una sinfonía inacabada,
o un borrón de lágrimas y tinta
en una carta que nunca llegó a su destino.

No me recuerdes alegre,
porque la palabra "feliz" es tan solo un adjetivo
sin valor propio
porque ¿dónde quedaron los valores?

Piensa en mí 
como aquel que nunca dejará de buscar
las palabras que quiere decir,
la música que quiere expresar.

Piensa en mí
 como aquel que te ama en silencio,
quejoso del atardecer sombrío.

Piensa en mí 
como un ángel que nunca termina de caer.

Piensa en mí 
como un adjetivo.

(y sigamos buscando aquello que sigue aún perdido, sin descubridor, preguntándose qué sería de su vida si tal vez no hubiera tenido una)

martes, 26 de noviembre de 2013

Y será por tu mirada

Y será por tu mirada por qué hice esta carta del revés, 
esos versos náufragos, 
esa felicidad maldita. 
Y será por tu mirada la razón de mis poemas, 
del ser de mis entrañas, tú, 
lucero del alba, 
deja de esconderte entre sábanas 
sin color, 
que no blancas,
 y luces negras, 
que no sombras. 

Y será por tu mirada por qué mis ojos no lloran,
por qué mis labios no ríen,
por qué mis ojos no mienten.

Y será por tu mirada
por qué mi corazón ha dejado de sentir.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Reucerdo cuando dejé de quererte

Recuerdo cuando dejé de quererte. De repente, las palabras dejaron de salir por mis huesos, y mi boca, como seca por dentro, enmudeció por completo, arrojando al silencio las melodías triunfales de un vals transhumano. Macabro festín para el corazón, que aún late mientras mira como se desvanece ese recuerdo sombrío; terreno baldío, que solloza mientras guarda para sí esas palabras que nunca pronunciamos.
Recuerdo cuando dejé de amarte, de sostenerte entre mis brazos, ligera, como una pluma de un ave ya extinto. Fuiste mi musa, mi tinta, mi lienzo, mi papel en blanco. Fuiste mi sueño durante un tiempo, fugaz, efímero e improvisado. Tan alocado como una tempestad breve en un verano enrarecido por las sombras de tu cuerpo, que se elevaban tan veloces, fundiéndose con las nubes, el cielo y la lluvia.
Recuerdo cuando dejé de sentirte en mí, de llevarte dentro, a cualquier lugar imaginable, allá donde nuestros corazones sintieron que pertenecían, tan únicos y preciados, donde solo nosotros encontrábamos valor y significado a las palabras que susurrábamos al viento, tan cercano y comprensible, tan amigo y caballero.

Entonces desperté, como caído de un acantilado de profundidad infinita, dolorido y magullado, aún confuso. Gimiendo en mi cama por volver a aquel lugar tan humano y perfecto. Y la vi, y ya no era la misma. Su rostro no lucía como antes, sus palabras dejaron de ser tan puras y su mirada no vaciaba más mi alma. Me esforcé en recuperar los recuerdos malditos de aquel sueño tan real aunque intangible. Aguanté sostenido a la cornisa que me separaba de esa soledad tan temida, de esa oscuridad total. Y aguanté todo lo que pude, sufriendo más de lo que hubiera sufrido si me hubiera dejado caer definitivamente. Y ese fue el momento, el día, en el que dejé de quererte.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Música de vals para compañ-arte.

Hoy, me disfrazo de miedo y frío para la ocasión, preguntando firmemente a esas teclas secas, sin sonido ni alma cómo sienten aquellos que tienen la oportunidad de vivir sin la resignación de permanecer en un limbo de vacío interior con cada persona. Entonces, mis dedos responden a la llamada de un corazón henchido de latir por un suspiro moribundo, originando entre gemidos sordos el reflejo de su imagen, que vive bajo mis marchitos dedos, en una melodía arrítmicamente acompasada, como deshecha, imperfecta. Y pienso en su nombre maldito cuando mi mano derecha súbitamente se desplaza en movimientos arpegiados. Así es como la siento, bajo un cajón enorme de madera carcomida. Apenas cuatro minutos y medio de conexión perpetua. Sinestésico cuadro, triste y melancólico, que apenas me permite rozar con la punta de los dedos ese recuerdo futuro tan ansiado: mi recuerdo con ella. Así es como la siento, como una anestesiante sucesión de acordes rotos, desgajados por el tiempo, que no tocan solamente Sol menor-La bemol mayor-Sol menor, sino que tocan el cielo, durante apenas un instante. Así es como la siento, efímera y sola, lejana y rota, mientras vivo con la tristeza, triste certeza de que solo la música devuelve a la vida esa sensación tan olvidada y mustia; ese sentimiento débil pero eterno. Esos amantes en silencio. Esa vida que no acaba. Ese corazón de luto.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Corazón amargo

¿Qué es? es amor, es vida, es lágrima, furia, tempestad, miedo y frío. Es cielo e infierno a la vez, todo junto, en un batido de emociones que conjuran simultáneamente, confabulando en un tumultuoso púlpito que configura la silueta de lo que fuimos, lo que somos, y lo que, si se le antoja a la fulgurante antología de fluidos sordos, algún día seremos. Es calma y tempestad. Es silencio y ruido, muerte y vida. Somos nosotros, cada uno en su respectiva celda de un panal infinito. Es amor, que culmina flagrante en un cementerio de ánimas rotas. Es amor, que evoca humildad y respeto. Cuatro letras, capaces de elevar al más débil, y fulminar al más fuerte de los hombres. Una lírica sencilla, capaz de sumir y levantar, revivir y despertar. Es amor, quien escribe, quien habla. Es amor quien llora, quien miente, quien odia. Es amor quien ama.