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Alcalá de Henares, Madrid, Spain
Y sin embargo, nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

sábado, 21 de junio de 2014

Hoy tampoco vendrás

Hoy tampoco vendrás. Sé que no vendrás. En casa te espera una copa de vino oxidado, y unos muebles cuarteados que heredaste de tu madre, junto con unos discos sueltos de la Velvet, un poster de Dylan y un cenicero sin vaciar. No vendrás, no, hoy tampoco, y nunca antes me había saciado tanto de silencio. Jamás me paré a escuchar el quejumbroso tañir del parquet con el peso, como doblándose bajo mis rodillas, ni en el firme sonido de los arietes de las cortinas al cerrarse. La voz del cartero jamás me pareció tan bella, y los pájaros ya no molestan por las mañanas.
Y es que tu voz lo llenaba todo, me llenaba entero. Y ahora el apartamento se me antoja enorme, cuando apenas cabíamos juntos en la cocina, y maldito aquel que tuviera que esperar mientras el servicio estaba ocupado. El apartamento me resulta vasto, y tú...y tú no vienes.
El reloj ya no marca las horas, porque recuerdo cómo te encantaba darle cuerda. Ahora... ahora le darás cuerda al reloj de otro, y yo...y yo te espero, por si algún día cambias de opinión, sentado en el sofá en el que solíamos terminar discutiendo, jugando a la ruleta rusa con fotos tuyas que aún conservo, matando el tiempo mientras todavía tenga fuerzas para escribirte, aunque siga sin saber tu dirección. Seguiré, aquí, esperando. Esperando, mientras tú no vienes.

jueves, 12 de junio de 2014

Ceci n'est pas une pipe

Debí imaginarte tantas veces que casi parecías estar allí presente. Tenías tu cabeza presumidamente apoyada en mis costillas, y yo respiraba vagamente, sin importarme el flujo de aire que me llegaba a los pulmones. Llevabas puesta mi camisa blanca de noche, y parloteabas "Mañana, mañana y mañana..." mientras hacía de tu pelo espirales en tu clavícula. Siempre encontrabas el momento perfecto para sacarte del bolsillo un cigarrillo torcido y maltrecho, y entonces la atmósfera de la habitación se llenaba de un humo denso y gris, pero ya estábamos acosumbrados. Yo permanecía en silencio, como adormecido por el viene y va del cigarrillo a tu boca, intrigado por cómo hacías para que la ceniza no callera al suelo. Entonces te revuelves rápidamente tirando un par de cojines al suelo, y te incorporas delante de mí, apoyando tus rodillas en mis rodillas, apurando tus últimas caladas, para arrojarlo al desafortunado cáctus de la ventana. Te paras un instante a mirar el cuadro falso de Magritte que hay colgado en la pared, y yo te digo que lo robaría un millón de veces. Tú susurras en voz baja "Ceci n'est pas une pipe, ceci n'est pas une pipe...". "No es una pipa"- la interrumpo-. Y asientes con la cabeza, sin bajar la vista del cuadro. "Si fuera una pipa, ya no sería un cuadro, al igual que una foto de la Torre Eiffel no es la Torre Eiffel. Cualquier otra figuración sería una mentira"-dices, frunciendo el ceño, como enfadada de repente-.
Y como si de un pellizco en un sueño maravilloso, sus palabras me despertaron de esa especie de fantasía irreal en la que permanecía aletargadado. Porque por mucho que me enamore una escena de una película antigua, de esas en las que las voces de los actores no importaban, por mucho que me guste un cuadro maravilloso, o un libro, no es amor. Porque un libro no es más que un libro, y un cuadro no es más que un cuadro, "y cualquier otra figuración sería una mentira". Y se me vinieron todas esas cosas bonitas a la cabeza que decirte, todos esos besos, todas esas noches...pero comprendí que aquellos momentos, aquellos pequeños pedacitos de mi vida, no eran más que noches, besos, y palabras.